EL CONTRAATAQUE

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La orden fue tajante, como deben ser las órdenes. “Hay que contraatacar”. Entre el sueño que tenía pegado al cerebro y que antes de acostarse había visto “La colina de la Hamburguesa”, pensó que se había transformado en un personaje de la película.
–Hay que contraatacar.
–¿Contra quién?, ¿por qué?
–Son las siete menos veinte, ¿estabas durmiendo?
–Es lo que suelo hacer a estas horas.
–Pues en Cataluña ya amaneció.
–Sí y en Australia va a empezar a anochecer. Son las consecuencias del movimiento de la Tierra
–Déjate de rollos. ¡Hay que contraatacar! Los catalanes se han apropiado de Cervantes y de Colón. Tenemos que recuperarlos para Galicia e incluso arrebatarles a algunos de sus héroes. Ya tienes trabajo para esta mañana. Nos vemos a las dos en mi despacho y quiero una buena documentación, tengo que dársela al presidente.
Cuando acabó de escribir sobre Cervantes y sobre Colón le dolían los dedos. Había recurrido a los tópicos: el origen de los apellidos de ambos, los modismos utilizados por el autor de El Quijote, los topónimos elegidos por el navegante para bautizar los territorios que descubrió en América... No aportaba nada nuevo, pero servía para que su trabajo tomase cuerpo.
El reto era galleguizar a catalanes. Tenía que exprimir su imaginación. Ya está. El primero, el Tambor del Bruch –aquel chaval cuyo redoble puso en fuga a las tropas de Napoléon, pues la reverberación del sonido les hizo creer que se enfrentarían a un ejército muy numeroso–, era en realidad un pandereteiro de la Costa da Morte. Un húsar francés, herido en la batalla de Elviña, reconoció el sonido de aquel tambor como el del acompañante de un grupo de gaitas que amenizaba su convalecencia en el hospital de campaña.
Rafael Casanova, el héroe del sitio de Barcelona durante la guerra de Secesión, había nacido en Os Ancares. En Galicia estuvo muy arraigada la costumbre de imponer un apellido derivado de la profesión y los gallegos siempre fueron más mujeriegos que los catalanes.
La tradición de los castellets tiene también origen gallego. Su motivo real se ha desvirtuado para hacerla pasar como propia de Cataluña, pero no lo es. Su objetivo nunca fue alcanzar un punto los más alto posible, sino todo lo contrario. Los casteliños, que es su denominación verdadera, nacieron como homenaje a los Irmandiños y lo importante era el momento en que saltaban a tierra sus componentes, pues así se representaba el derribo de las fortalezas de los señores feudales.
Imprimió todo lo que había escrito y lo copió también en un soporte informático. A las dos menos un minuto estaba en el despacho de su jefe, que ojeó por encima la documentación.
–¡Qué gran contraataque!
–Una pregunta: ¿antes de querer ser director xeral no pensaste nunca que tienes vocación de militar?

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