ETERNAMENTE JÓVENES

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La voluble prima, arriba y abajo acelerando corazones y desplomando valores eclipsó la noticia que en otro tiempo habría copado portadas e informativos. Muchos no llegaron siquiera a saber de ella. Pese a ser uno de los anhelos más antiguos del hombre. El manantial de la eterna juventud en un tubo de ensayo.

Modificar los genes para vivir más. Una premisa de ciencia ficción que en un futuro podría sumarse a la lista de decisiones vitales. Universidad o FP, ciudad o campo, hijos sí o no. Dejarse llevar por la naturaleza o enfrentarse a ella para ganar quizá dos décadas. Sin las enfermedades de la edad. Jóvenes de ochenta años. Modernos Dorian Gray con la ciencia por aliada que no necesitan de pactos diabólicos.

Sociedades centenarias y saludables. Un vuelco al ciclo de la vida. Un triunfo histórico. Cuyas consecuencias necesitan reflexión. La pirámide demográfica en precario equilibrio por el peso de los mayores. La contaminación imparable. Los recursos que se agotan. La superpoblación. El desplome del sistema, incapaz de soportar la carga. Las presumibles soluciones puede que no sean suficientes; o que supongan un retroceso en las conquistas sociales: retrasar la edad de jubilación solo tendría sentido si hubiese trabajo, privatizar los servicios sería condenar a la mayoría.

Queremos estirar al máximo la vuelta en el tiovivo. Arañar todo el tiempo que podamos antes de despedirnos. Creamos o no en el más allá, no queremos que se acabe lo que tenemos aquí y ahora. Odiamos decir adiós a los que amamos, ver desaparecer las caras a nuestro alrededor, quedarnos solos. Tener la posibilidad de posponerlo es un regalo. Una prórroga que juramos que sabremos aprovechar. Por la que pagaríamos lo que nos pidieran.

Quizá nos cueste más de lo que podemos dar. Quizá nuestro afán por conquistar el tiempo sea nuestro final. Un mundo de ancianos resistiéndose a morir y un planeta que se queda pequeño. Vivir más solo es importante si se vive bien. De otro modo resulta una agonía sin sentido. Puede que la ciencia avance a un ritmo que no podemos seguir. Que los descubrimientos que parecen milagros deban quedarse en el laboratorio y ser reconocidos más como posibilidad que como realidad. La mente va a más velocidad que la conciencia. No hay pócima que haga crecer los valores y el sentido común. Mientras no sepamos vivir en paz no merecemos alargar la vida.

ETERNAMENTE JÓVENES