El declive de las Autonomías: un golpe de Estado a cámara lenta (I)

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ué está pasando en Cataluña? No se puede llevar a cabo un análisis simplista de la eclosión independentista catalana por lo sucedido en los últimos meses. Se trata de un cúmulo de circunstancias, unas que vienen de lejos, y otras que devienen de nuestra última instauración borbónica. Todas ellas tienen un denominador común: el descompás de intereses personales de las fuerzas vivas enfrentado a los verdaderos tiempos reales, siempre como la necesidad cíclica para renovar la administración del estado conforme a su época. Por ello, se mantiene la persistencia de ese conflicto de forma periódica impura, por gastar más de lo que se tiene, y sobre todo por la avaricia de unos pocos en llevárselo crudo.
En 1640, Pau Claris (republicanita independentista), se acerca hacia la monarquía francesa, como la respuesta a la corrupción, y por la única visión y misión de las oligarquías latifundistas cortesanas, principales beneficiarios de Lerma, y de Olivares (cortesanos catalanes y castellanos) que oprimen a la otra clase social. Mientras, los Países Bajos y Portugal consiguen su independencia por la nueva razón de estado, Cataluña inicia el periplo de sus fracasos y, comienza el odio y deseo de venganza antiespañol. En 1700, Felipe V, el primer Borbón se encuentra con la imposibilidad de modernizar y unificar el derecho en todo el estado español. Cataluña todavía cómoda (diferente foralista-austríaca), que antaño había pedido ayuda al Borbón francés Luís XIII, se le enfrenta hasta que en 1716, el primer Borbón español logra imponer el Decreto de Nueva Planta (nuevo derecho común español), que deroga el foralismo catalán medieval, esa arquitectura política en la que académicamente todavía juegan algunos. Felipe V, le permitió a Cataluña entrar en el primer crecimiento económico de España, a pesar de todo.
En 1873, Baldomer Lostau (republicanita federalista español), se sube a la grupa de la I República como respuesta a la corrupción, y con la única visión y misión de las élites y los caciques del siglo XIX, burgueses catalanes y castellanos, principales beneficiarios de aquella revolución industrial catalana.
En 1931, Frances Maciá (republicanita independentista), derrota hacia un republicanismo español peninsular, influenciado por el modelo independentista de las últimas colonias (Filipinas, la preautonomía de Cuba, y sobre todo la persistencia de Puerto Rico hacia España), vuelve a renovar el odio y deseo de venganza antiespañol, ahora para subirse a la nueva ola revolucionaria del momento y, que lo justifica principalmente contra la anterior dictadura monárquico militar de los africanistas de Alfonso XIII.
A las ocho y diez minutos de la tarde, del 6 de octubre 1934, Lluís Companys (republicanita federalista español), proclama: “En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica”. Vuelta a las andadas, ahora es el nuevo enfrentamiento entre rojos y nacionales, el motivo será el programa expansionista de la solución catalana para toda España, como el modelo de administración del estado para esa época. Época en la que el nacionalismo alemán liderado por Hitler está en un ascenso imparable y, que nos llevaría a la catastrófica Segunda Guerra Mundial, que como siempre, volvió a beneficiar a unos pocos a costa de muchos.
Sin entrar en los múltiples beneficios que supuso la dictadura de Franco para Cataluña, la realidad sería de nuevo que, a través de su victimismo centenario, volvería a recibir otro impulso económico como la contrapartida sufrida en cada una de sus derrotas. De nuevo el agravio, en comparación con el resto de las demás regiones de España, les da como resultado final un balance muy superior a su favor en todos los sectores socio económicos. ¿Acaso el tensar la cuerda, hasta romper el modelo administrativo, es su centenario método de presión para saciar la incontinente avaricia de su oligarquía y marionetas políticas?
Existe una idea de trasfondo en esta reflexión: Cataluña al independizarse, en las distintas formas que intentó a lo largo de la historia salvará a España, es decir: ¡cuándo España se llame Cataluña, y pueda nacionalizar al resto de las regiones hispánicas, será cuando sus oligarquías políticas estarán satisfechas imponiendo el nacionalismo catalán (económico), incluso con su lengua y costumbres culturales!
Ya no nos sorprende como, una oligarquía de naturaleza burguesa con representación en los partidos políticos, actualmente se está apoyando en el tradicional anarquismo de los antisistema, para dar otro nuevo golpe de estado a España. Ésta, sin duda, era una crónica anunciada desde la historia de los tiempos, y recordada en mis “Cartas Abiertas a Felipe VI”, publicadas hace ya unos tres años, y más recientemente hace un año, como un “golpe de estado a cámara lenta”.

 

El declive de las Autonomías: un golpe de Estado a cámara lenta (I)