Razones de un 155

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No es descabellado aplicar el dicho “a grandes males, grandes remedios” al inminente despliegue del artículo 155 de la Constitución, si nadie lo remedia.
No es momento de rasgarse las vestiduras por aplicar un artículo de nuestra norma suprema, previsto para situaciones excepcionales como la que estamos viviendo, con un gobierno autonómico y unos grupos parlamentarios que promueven leyes anticonstitucionales, menosprecian procedimiento parlamentarios, anulan a los grupos que discrepan, infringen la Constitución y el Estatut o dan por bueno el resultado de un chapucero referéndum. Y, para mayor desgracia, Puigdemont desecha acudir al Senado para explicarse políticamente, despreciando recoger el guante del diálogo. 
Todo apunta a que la suerte está echada y se avecinan turbulencias políticas inéditas. Si las respuestas jurídicas son obvias, están escritas, las soluciones políticas requieren mucho esfuerzo para acertar. 
Por eso, la gravedad a la que nos enfrentamos requiere, en primer lugar, unidad política. Cueste lo que cueste, no es momento de titubeos y sobran las muestras de discrepancia política entre partidos, por mínimas que sean.
En segundo lugar, hay que ser conscientes de la gran capacidad de comunicación que se necesita, especialmente en Cataluña. Los independentistas han sido capaces de construir un relato sencillo basado en “nosotros y ellos”, “España nos roba”  “la España franquista” y una épica histórica falsa que les está funcionando. Es imprescindible desmontar estas falacias. Incluso, algunos definen “constitucionalistas” a partidos y personas como  sinónimo de fascista o franquista, algo aberrante e insultante para los muchos que lucharon contra la dictadura, sufrieron sus consecuencias e hicieron posible que hoy disfrutemos de un Estado Social de Derecho  que no persigue a nadie por sus ideas. Ante tal desprecio, hay que llevar con orgullo ese apellido.
Por último, a la vez que se devuelven las Instituciones catalanas a la armonía constitucional, quedan dos tareas complejas. Una, ser capaces de devolver a los independentistas al orden democrático, más urgente que una inmediata convocatoria de elecciones en Cataluña. Y otra, que eche a andar la comisión de estudio para la reforma constitucional con la participación de todos los partidos, también los nacionalistas catalanes. Su éxito sería poner los cimientos de un nuevo pacto territorial. Preparémonos para vivir  jornadas difíciles. Aflorarán pasiones que habrá que embridar para que la convivencia  no se resienta todavía más, que, al final, es la que hay que recuperar.
ramonveloso@ramonveloso.com 

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