El PSOE ferrolano, en la picota

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La actualidad política de la semana en Ferrol ha estado dominada por el enfrentamiento entre la ejecutiva socialista del PSdeG-PSOE en la ciudad y el grupo municipal, antagonistas desde casi el comienzo del actual mandato. En particular, por la petición expresa de la primera para que la portavoz en el Concello ponga su cargo a disposición del partido, algo a lo que esta se ha opuesto respaldada por el resto de concejales. El PSOE ferrolano está, pese a los sucesivos triunfos de la lista liderada por la diputada Beatriz Sestayo, tan dividido como cuando los socialistas gobernaban en solitario la administración local, con Vicente Irisarri al frente.
En la cuna del fundador del partido, la situación parece rozar el esperpento, cuando no el ridículo, máxime cuando el que será el nuevo líder de la formación en Galicia, José Ramón Gómez Besteiro, no se cansa de alentar la renovación y la unidad como elementos de referencia para una alternativa de gobierno, tanto de cara a la cancha municipal como a la autonómica. Al margen de las connotaciones personales, que sin duda las hay, ni un bando ni otro parecen haber sabido explicar de forma fehaciente, y mucho menos convincente, sus posiciones. Ante una ciudad cuyo voto mayoritario en las municipales ha recaído siempre en la izquierda, a excepción de las últimas, en las que el PP se ha hecho con una mayoría –la primera en la reciente historia democrática en la urbe naval–, el principal partido en la oposición está lejos de representar una oposición, al menos desde el punto de vista de entenderla como la de una formación cohesionada, capaz de representar todas las sensibilidades que en él habitan.
Es cierto que el peso de la ejecutiva local es cada vez mayor, pero también que el grupo municipal sostiene un enfrentamiento que a su vez es totalmente correspondido y que, en ocasiones, roza el insulto a través de las redes sociales, verdadero látigo en el apologético panorama político de este país.
Cualquier análisis mínimamente objetivo no podría evitar ver cierto patetismo en toda esta crisis interna, en la que se manejan diferentes formas de entender el papel de oposición. Bien desde el punto de vista de tratar de sacar adelante a la ciudad –algo que evidentemente comparten ambos frentes–, bien desde la óptica de hacer del término oposición sinónimo de rechazo, sin concesiones, en este caso al Partido Popular.
La máxima indica que, con más asiduidad de la deseada, se ganan batallas a costa del desgaste de los contrarios. Y esta norma se aplica no solo en cuanto a la confrontación entre formaciones de distinto signo sino, por lo que se evidencia, también del mismo. A menos de dos años vista de las próximas elecciones municipales, salvo el grupo en el gobierno local, resta por detallar el escenario de quienes hoy están en la oposición. Pero sobre todo sus contenidos y sus actores.

 

El PSOE ferrolano, en la picota