JABAL TARIK

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Qué desilusión. Cuando se suponía que de nuevo se iba a desenterrar el tomahawk, la cosa se queda en pelea de comadres. A fe mía que el Gobierno de España es efectivamente tecnócrata. Nada de soflamas patrióticas, ni de advertencias. Nada de amenazas. No en vano sus palmeros alaban la frialdad del presidente y su destreza a la hora de “manejar los tiempos”. Ni siquiera la prensa más combativa y cañí, que, esperando como respuesta un clamor nacionalista al ardor guerrero que la caracteriza, inició un empuje visceral ante la afrenta, pero se fue desinflando para acabar ilustrando el conflicto con prosaicos detalles técnicos. Como el comandante que tras una enérgica arenga inicia la carga y descubre, al mirar atrás, que avanza solo mientras sus hombres se quedan haciéndole así con el dedo.
Lo que querían que fuese una nueva más alta ocasión que vieron los siglos no es más que un contencioso local. Gibraltar es un rifirrafe entre vecinos por unas obras en la finca de al lado. Hay más furor contenido en la tradicional rivalidad entre cualquier pedanía que en esto.
 Lo de “Gibraltar español” queda para los nostálgicos. A la población le importa un bledo. Interesa más la selección española (mientras gane). La pasión está en las victorias de Nadal y en los triunfos motociclistas. Interesa más todo eso que a quién pertenece la Roca o lo que pase en ella. Un trozo de tierra que, entre pitos y flautas, estuvo más tiempo en otras manos que en las españolas, si atendemos a la historiografía oficial, que siempre entendió y presentó a los musulmanes de Al-Andalus –es decir, las dos terceras partes de la península– como invasores extranjeros, independientemente de que estuviesen la friolera de ocho siglos y de que los pequeños reinos cristianos del norte les denominasen españoles. “Ex Hispania venit”, decían gallegos, leoneses o navarros cuando recibían a algún embajador o notable andalusí.
Jabal Tarik. La montaña de Tarik. Nada de tomahawk. Decepcionante. Aunque es una lástima que no se reivindique de nuevo la soberanía del Peñón. Así podría darme el gusto tabernario de emular aquella proclama ácrata “ni inglesas ni argentinas, las Malvinas son pingüinas” y con el ingenio popular que se muestra en las manifestaciones y en el fútbol (“Illa, illa, illa, Villa maravilla”) meter el consonante con calzador: “Ni de Johnny ni de Paco, Gibraltar de los macacos”. Esos  monos son igual de territoriales y tienen la misma mala leche.

JABAL TARIK