Juego de codos

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Ciudadanos, pese a ser uno de los llamados “partidos emergentes”, tiene ya cierto recorrido que marca su nacimiento, estrategia actual y su posicionamiento en la vida pública. Apareció ante la ciudadanía con su líder, Albert Rivera, desnudo y tras un slogan que proclamada “su pureza” y transparencia. 
Pero don Albert ya había coqueteado con el PP, montado un partido anticatalanista y un mensaje lleno de citas y referencias a lo que se hacía por ahí arriba –los países nórdicos mayormente–hasta que, estos días, mostró sus simpatías por Austria e Israel y sus fobias para Grecia y Venezuela. 
Albert, sin duda por su juventud, no sabe que a los griegos los llevó a la miseria la política de los colegas de Pedro Sánchez y Felipe González, rematando la faena los del mismo partido de Mariano Rajoy y, no se enteró de que en Austria la derecha, casi extrema, da miedo y en Israel, que votan y esas cosas, la política favorita es la fuerza armada en lucha desigual con el pueblo palestino. El último ejemplo es el bloqueo a Cisjordania y las restricciones impuestas a sus ciudadanos. 
Y cuando nos pone como ejemplo esos países de la Europa rica, no cita que, entre otras cosas nuestros salarios están por debajo del 20 y 30 por ciento de esos países y la carga impositiva para las empresas y grandes fortunas lo mismo… pero al revés, lo que no casa con sus recetas económicas coincidentes con el bloque al que su partido pertenece dentro del parlamento europeo… 
Don Albert practica el juego de codos –que no el de tronos, aún– para hacerse un sitio que ya tiene, aunque de manera más tosca, el PP, al que un día sí y otro también le hace guiños de forma descarada. Ese es, indudablemente, el caladero donde puede conseguir más adhesiones. Así, compite defendiendo el mismo escenario que tiene “dueño”. Ente las últimas novedades el señor Rivera nos sorprende con dos caras para la misma campaña: el eslogan para Cataluña difiere del que nos ofrece al resto de los votantes. El patriotismo por aquí tiene un camino y por allá otro… Tampoco pasa desapercibido su entusiasmo por un “referéndum revocatorio” en tierras bolivarianas mientras vota en contra de cualquier consulta –que nos sea la médica y, por cierto, no para todos– aquí en estos lares…
Como le gusta decir, tiene todo el derecho a mantener sus convicciones. Incluso sobre el AVE a Galicia… pero los ciudadanos también tienen derecho a conocerlas.

Juego de codos