Inexplicable

|

Sobre mi mesa, diferentes temas de todo tipo llaman mi atención. Sin embargo, en el último momento me inclino, yo también, por hablar del horroroso e inexplicable crimen del niño almeriense Gabriel Cruz a manos de la novia de su padre, tal como ella mismo confesaría al ser detenida conduciendo su coche y con el cadáver del crío en el maletero. Mucho, muchísimo se ha escrito y comentado sobre este repulsivo suceso que ha conmocionado a una sociedad española cada vez más imperfecta.
Uno tiene sentimientos y resulta imposible evadirse de semejante drama cuando un niño es el triste protagonista. Me he sentido fatal cuando me enteré del descubrimiento del cadáver y mucho más cuando la asesina relató la forma tan cruel y con enorme frialdad el momento en que decidió acabar con la vida del pequeño de 8 años llegando incluso a tener el valor de fumarse un cigarro para sopesar qué iba a hacer con el cadáver del chiquillo una vez asfixiado, según confirmó la autopsia.
El perfil de este tipo de psicópatas es, con toda seguridad, el de una persona que ni siente ni padece. Así, la pregunta siempre acaba siendo la misma: ¿qué lleva a una persona a matar a un niño? No existe una respuesta fácil, incluso para los criminólogos, verdaderos especialistas en estudiar este tipo de delitos, sus causas, las maneras de evitarlo y el modo de actuar de las personas que los cometen.
La mujer en cuestión, la dominicana Ana Julia Quezada, demostró en todo momento carecer de sentimientos y empatía, pero está sobrada de frialdad, de saberse manejar muy bien en este tipo de situaciones y lleva en su mochila un pasado enormemente turbio. Su protagonismo en este suceso no pasó desapercibido desde el momento que se hizo público la desaparición y posterior asesinato del menor.

Inexplicable