Capital y riqueza

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Los conceptos de capital y riqueza merecen algunas reflexiones sobre su significado. El capital es uno de los tres factores de la producción, junto con la naturaleza y el trabajo; incluso, en la tesis marxista quedan reducidos a dos, pues el capital es considerado como “trabajo acumulado”.
El capital se define como el conjunto de bienes que tienen por destino producir; por el contrario, la riqueza es el conjunto de bienes destinados al uso y disfrute de su titular. Esa distinción es importante, pues según el destino que se dé a los bienes la sociedad se verá favorecida o perjudicada.
Al decir que en el capital los bienes “tienen por destino producir” se quiere subrayar que ese destino no es una acción potestativa del hombre, ni depende de su voluntad; antes al contrario, que responde a la naturaleza intrínseca del bien de que se trate. Según esta idea, si ese bien permanece ocioso, inactivo y sustraído al tráfico económico, su titular priva a la sociedad de un activo que le corresponde y del que se le despoja. De ahí, el carácter antisocial de la riqueza. Por otra parte, esa actitud resulta perjudicial para el progreso y desarrollo económico, pues convierte al capital, que debe servir para invertir y emplearse, en riqueza que lo retiene y acumula. En eso consiste el abuso del derecho de propiedad, que es un ataque directo a la función social que debe cumplir.
Social y económicamente, es más importante la actividad inversora que la acaparadora. La riqueza está basada en la avaricia; el capital en la ambición. Ya Aristóteles condenaba la “práctica de acumular la riqueza por ella misma y sin otro fin que el placer personal”. Y esa misma admonición se contiene en la frase de Jesús, según la cual “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. Con independencia de la traducción o interpretación que se dé a la palabra camello, con esa frase, se quiere subrayar la dificultad de que un rico entre en el reino de los cielos.
Cierto que Jesús no condenó la riqueza ni los bienes “en sí mismos”; pero sí condenó su destino o aprovechamiento por personas cuyo único interés es acumular dinero para su satisfacción y sin preocuparse de las necesidades de los demás. Son, los ricos, acumulando fortuna, los que envilecen la riqueza.
Si la riqueza se atesora y el capital se invierte, es el capital y no la riqueza, el motor de la economía y el progreso y debe serlo también de la justicia social. Gravar fiscalmente la riqueza y estimular el capital productivo es la mejor garantía para fomentar el progreso y desarrollo de la humanidad.

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