El devorador compulsivo de la política

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ALBERT Rivera, el político antes conocido como Adolfo Suárez, no lo luce, pero tiene un apetito insaciable. Es un devorador compulsivo, que se zampa toda cuanta junta directiva de su partido se constituye en Galicia. La última en acabar hecha papilla ha sido la de Ourense; dimisiones en bloque y, ¡hala!, ya no hay quien mande entre los ourensanos anaranjados. A lo mejor por Madrid encuentra a un tipo que una vez, hace años, oyó hablar de As Burgas y lo convence para que se haga cargo de la franquicia. Suerte, Gargantúa, ¿o será Pantagruel?

El devorador compulsivo de la política