La conciencia aplazada

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A menudo la literatura describe la realidad perfectamente. Releyendo “Así empieza lo malo” de Javier Marías, con la cabeza embotada por el último tren de procesos electorales, encontramos frases que se acoplan muy bien a la actualidad. Acertadamente, viene a decir que a menudo es mejor no saber, pasar por alto cuestiones graves, algo que le debe suceder al Partido Popular y Ciudadanos a la vista de los vergonzantes pactos con la extrema derecha española.

Digo vergonzantes porque los líderes ultras chantajean con hacer públicos los, al parecer, inconfesables acuerdos escritos con los populares si estos no se advienen en dejarles un trozo de moqueta institucional que pisar. Ciudadanos, a su vez, argumenta su ausencia de aquellos pero firma documentos con los logos bien visibles de esta suerte de triunvirato político en beneficio del desalojo socialista del poder institucional, dice.  Volviendo a Marías, parecería que tuvieran la conciencia y el alma aplazadas.

Decepciona la deriva tomada por conservadores y liberales. Mientras los populares reaccionan a la disolución de la unidad de la derecha con un discurso extremista, asociado a nuestros fantasmas de las décadas oscuras del siglo XX, los liberales, promotores de la idea de elevar la calidad democrática de las instituciones políticas, ni se rasgan las vestiduras cuando montan a caballo de ideas ultramontanas.

Si no fuera por lo serio del asunto, resultaría cómico a los ojos de la moderna sociedad española la invocación del PP a las corridas de toros, a la revuelta contra las interrupciones voluntarias de embarazo, al enmascaramiento de la violencia de género, a la vuelta al centralismo o a la promoción de la caza como tesis clave para reeducarnos a todos como españoles de bien. De ahí a la prohibición de música “ligera” en Semana Santa solo queda un paso.

Más patética, si cabe, es la actitud de Ciudadanos. Si ya no se esconden de los acuerdos con Vox y Partido Popular, incapaz de entender la pluralidad de representación decidida por los ciudadanos en las urnas, les puede la desesperación y arremeten a siniestro con todas sus fuerzas. 

Ya me dirán cómo va garantizar la convivencia si toda su actuación política consiste en reafirmarse en sus propias ideas para ocupar el poder y no compartirlo, como resulta evidente de los resultados electorales. Por cierto, que vuelvan el rostro hacia el resto del continente recriminándoles la alianza evidente con la extrema derecha.

En estas anda nuestra derecha. Dios nos coja confesados.

ramonveloso@ramonveloso.com

La conciencia aplazada