23-F

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Han pasado unos años desde aquél “quieto todo el mundo” del teniente coronel Antonio Tejero, hasta este 2017, en el que volveremos a recordar este día como otro agravio a la democracia y a la justicia. En aquél momento eran los  problemas derivados de la crisis económica, las dificultades para articular una nueva organización territorial del Estado, las acciones terroristas protagonizadas por ETA y la resistencia de ciertos sectores del ejército a aceptar un sistema democrático, hoy podríamos sólo cambiar el texto en las acciones terroristas por violencia de género.
Seguimos en lo mismo, igual o peor que en 1981. Familias desestructuradas, corrupción a mares, hambre, miseria y con la clase media lapidada por las políticas más austeras y demagógicas. No hay compromiso por parte de la clase política, les falta corazón y mano izquierda para liderar y trabajar conjuntamente por sacar desde un concello a un país adelante, vinculados a lo que llaman ellos “ideales”, que me río hoy de los ideales de muchos.
Este 2017 lo recordaremos por la sentencia del “cuñao” y la hermana de quien es el máximo representante de este país. Sentencia de risa y anti social, muchos creíamos en la justicia, hasta que llegó de nuevo el 23-F y otra vez retrocedíamos hasta los años 70 y 80 a golpe de martillazo. Todos protestamos, pero nadie hizo nada. Somos los más llorones de Europa, pero da igual. Lo más triste es que nos están asesinando, sí, muchas mujeres están sufriendo de violencia de género. Estamos ante uno de los inicios de año con más muertes que se recuerda, estamos ante una lacra, difícil de parar. Vuelvo a confiar en aquél pacto de estado que ayudó a acabar con el terrorismo, para que pase lo mismo con la violencia de género. El primer paso ya lo hemos dado: se ha roto el silencio. Hoy, la violencia doméstica es ilegal al menos en 125 países y existe un amplio conjunto de leyes relativas a la violencia contra las mujeres y las niñas. Debemos hacer más para proteger a las mujeres y prevenir esta violación generalizada de los derechos humanos. Los Gobiernos y los dirigentes deben dar ejemplo. Ha llegado la hora de que los Gobiernos traduzcan las promesas internacionales en acciones nacionales concretas. Para que haya todas estas cosas es preciso contar con unos líderes decididos y valientes, así que pidamos que se actúe cuanto antes, por lo menos ganemos esta batalla.
 

23-F