Virgencita, virgencita

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tra nochebuena más, y ya estoy hasta las ingles y aledaños, cansado de escuchar a mandrias dando consejitos tales como: Respeto a la Constitución, de la que viven; defender la integración territorial (excepto la de los vascos, que ya la defienden ellos), respeto al Congreso, aunque legisle cosas injustas que  perjudiquen a la clase trabajadora, y etc, cte.  En definitiva: Nos aconsejan pedir eso de, virgencita, virgencita, quedaros como estáis. Tal parece que  nos han llevado a disfrutar el techo de una felicidad democrática, y es imposible mejorarla. Lejos queda pues  nuestra sociedad, de ser atendida en  su deseo y necesidad de lograr cambios en esta Constitución que nació de una dictadura,  y nos digan que vivimos en una magnífica democracia,  en la que todavía se defienden conceptos franquistas, y sometidos a una monarquía  permanente que no se puede tocar, instalada por la gracia de Dios y una irreversible estupidez bien aprovechadas. ¿Hemos tocado el techo de la civilización, el progreso y la inteligencia, y no hay nada “plus ultra”? ¿Quizá ha llegado el tiempo  de defender la democracia y la libertad, como hacen los hongkoneses desde hace siete meses? No lo sé, pero que hay que hacer algo está más que cantado. 

Virgencita, virgencita