Ramón Aguirre, dimisión

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El eco de una promesa hecha sin pudor por falsos líderes con más suerte que honor, más cara dura que dignidad y más apoyo mediático que credibilidad es una grada vacía. De nuevo los presupuestos estatal y autonómico consignan cero euros para un dique flotante prometido por tantas bocas del PP que vamos a repasarlas: la de Feijóo, en las autonómicas de 2008, con su prometido centro de reparaciones para Ferrol; las del exconselleiro de Industria y del alcalde de Ferrol que, con un estudio avaladísimo por un insigne Colegio Oficial, lo defendieron en las generales de 2011; y la de Rajoy que, a través de un nuevo presidente de la Sepi muy dado a sermonear sobre tanto castigo socialista a Ferrolterra, comprometió presentar un plan para su viabilidad.

Sin embargo, la nefasta gestión de Ramón Aguirre hasta la fecha, chuleando una y otra vez a los alcaldes y sindicatos de la Comisión de Seguimiento con verdades a medias, retrasos injustificables e incumplimientos sucesivos de su compromiso de presentar un plan que garantice la viabilidad del dique y jugando sin causa ni pausa con la frustración de unos trabajadores del naval sin mucha esperanza tras ver consumados como fraudes los compromisos de una derecha incapaz de cumplir lo que promete pero capaz de prometer lo que no cumple, exige la dimisión de quien vino a Ferrolterra a reñir a los socialistas como un chusquero y a mentir a los legítimos representantes de su ciudadanía y de sus trabajadores como un trilero.

Tras medio año de reuniones sin fruto, en las que también pudimos comprobar la mala baba de Ramón Aguirre hasta con sus cómplices, y ante su más que acreditada falta de seriedad con la Comisión de Seguimiento, cuyos miembros a día de hoy seguimos sin conocer la fecha de la reunión que a principios de noviembre comprometió celebrar en el plazo de dos semanas, exijo la dimisión de Ramón Aguirre ante la imposibilidad de interlocución con quien usa las instituciones a su antojo como un cacique. Amén de sus transparentes, en sentido literal, contratos con Pemex, en cuya burda tomadura de pelo de los 3.000 puestos de trabajo anunciados a bombo y platillo justo antes de las últimas elecciones autonómicas, ya ni quiero entrar.

Julio Iglesias es alcalde de Ares

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