Televisión de partido

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Son datos del estudio postelectoral hecho público por el CIS hace unos días en relación con las elecciones del 20-D: durante la campaña, la televisión fue el medio que la mayoría de los votantes eligió para seguir la información política y electoral todos o casi todos los días. Un 58,3 por ciento de ellos así lo hizo. Y de esa gran tarta de espectadores que se repartieron la pequeña pantalla, La Sexta se llevó el mayor porcentaje: 21,1 por ciento. 
Lo más sorprendente o novedoso, no obstante, es la identificación entre esta cadena y los electores  de una concreta formación política: por supuesto, Podemos. Nada menos que el 52 por ciento de los votantes del partido de Pablo Iglesias ha señalado a La Sexta como preferida para ese seguimiento informativo; un porcentaje muy por encima del de cualquier otro partido y cualquier otra televisión. El más cercano sería el 35,7 por ciento de votantes del PP que eligieron TVE1 como su emisora. Los socialistas repartieron en mayor medida sus predilecciones.
La opción por la emisora de Atresmedia/Antena 3 se trasladó también a todas las confluencias con las que Podemos se presentó a las elecciones: fue la escogida por un 45 por ciento de los votantes de En Comú Podem; un 50 por ciento de los de Compromís, y un 56 por ciento de los de En Marea. También fue la elegida por un 48 por ciento de los que dieron su voto a Izquierda Unida. 
En relación con la anterior de 2011, el seguimiento de la campaña 2015 fue muy similar en prensa, mientras que televisión y radio mejoraron posiciones como grandes soportes informativos de acogida. Por lo demás, no caben muchas comparativas con hace cuatro años porque los llamados emergentes no habían aparecido como tales en el horizonte parlamentario y el panorama televisivo era muy distinto también al actual. La Sexta languidecía y no pasó entonces en campaña del 3,1 por ciento de asiduos seguidores. Y así ha estado hasta que a mediados de 2012 el Gobierno de Mariano Rajoy la resucitó suavizando condiciones y autorizando su fusión con el multimedia Antena 3. 
Es de suponer que hayan tomado buena nota del estudio del CIS los críticos –no pocos– con la política de medios desplegada en estos cuatro últimos años por el hoy Gobierno en funciones y, más en concreto, con la responsable directa de la misma, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a quien se le ha reprochado su apoyo a Atresmedia mientras que este mismo grupo engendraba mediáticamente a Podemos. 
En el remate de la legislatura, Pablo Iglesias ha propuesto limitar radios y televisiones dependientes de una misma propiedad privada. “Cría cuervos”, es de suponer que habrá pensado más de uno.

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