Al fin, presupuestos

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Después de 1.082 días desde las últimas elecciones municipales, parece ser que al gobierno municipal de Ferrol le entró el vértigo de ser, probablemente, el único que en todo un mandato municipal no presentara al Pleno, y sacara adelante, unas cuentas públicas.
Aunque hay políticos que todavía afirman que gobernar sin presupuesto aprobado en el año es posible, una simple pregunta, para qué pagamos impuestos si no vemos resultado alguno de nuestras aportaciones, debería abrir los ojos, hasta del más escéptico. Lo que esos políticos esconden es la incapacidad, la falta de ganas, o ambas cosas, de buscar el consenso político ya que supone ceder en parte de sus pretensiones políticas al no gozar de mayoría. 
La política municipal en nuestra ciudad, siempre necesitó de unas buenas dosis de generosidad y responsabilidad para llevar adelante decisiones de gasto e inversión. Es verdad que hay suficientes fracasos sonoros con muchas inversiones que se quedaron por el camino, y que todavía están pendientes de realizar. 
Unas veces, por falta de continuidad entre gobiernos sobre el criterio a seguir en asuntos complejos, como el convenio de Defensa. Otras, por buscar ventajismo ante la inminencia de elecciones, como propagar la mentira de culpabilidad del BNG por el desastre de la Plaza de España y la bancarrota municipal, los famosos dos agujeros de Juncal, cuando, en realidad, el gobierno PP-IF estropeó el proyecto inicial definitivamente y, el Concello nunca tuvo problemas financieros. 
Dejadas atrás las infantiles quejas de la oposición por falta de documentos, un clásico ferrolano, los presupuestos salen adelante sin la necesidad de una extemporánea cuestión de confianza, que sólo revelaría la necesidad del presupuesto para fines electorales, cuando ya estamos en el tiempo de descuento del mandato.
En una corporación tan fragmentada, el mínimo acuerdo de los grupos de izquierda lo  hizo posible, con la novedad de la incorporación del BNG, después de más de doce años.  Llegados aquí, preguntémonos si a los partidos de la izquierda les merece la pena romper  gobiernos de coalición para después llegar a coincidir en temas importantes. O que no se coligen y acuerden los temas en el Pleno, o cuando se junten que no se separen. El resto, provoca desánimo en el ciudadano.  
Aún no acabó el Vía Crucis. Queda la exposición pública, periodo de alegaciones y aprobación plenaria definitiva, que raro es que no traigan alguna sorpresa a la que el gobierno deberá estar muy atento. 
Esperemos que todo vaya bien.
ramonveloso@ramonveloso.com

Al fin, presupuestos