NI VERGÜENZA TORERA

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Por la boca muere el pez, aegura nuestro rico refranero, pero por desgracia no incluye a los políticos y ahí están, vivitos, coleando, eructando barbaridades y pasando por caja (A, B o A y B según los casos) ante la vergüenza ajena que pasamos los ciudadanos y la falta de vergüenza que demuestran la mayoría de nuestros próceres. O sea sin vergüenza alguna se pasean por los aparlamentos y demás lugares de pasto mientras parte del personal alucina.
Mariano, por ejemplo, luego de los demoledores datos de la EPA dijo que estaba muy contento pues las cosas van bien y su cuñado, eurodiputado que quiere seguir en lo mismo, pues cobra una media de quince mil euros al mes y otros chollos aparte,  dijo que trabajaban mucho y ¡pagaba sus impuestos en España!
¿Nos toman el pelo? ¿Toman algo que los pone así? ¿No saben que los trabajadores, mileuristas incluidos, jubilados, etc., pagan impuestos con sueldos que ni se acercan de lejos a los que ellos se llevan en los bolsillos?
¿DE qué está contento Mariano? De colocar a la familia, de que le pagaran los trajes. De compatibilizar los ingresos de Registrador de la propiedad con los sueldos del partido, la paga de presidente y otras ventajillas.
De eso sabe la vicepresidenta (ya sabemos que no es delito pero es bastante vergonzoso) y como primero es la familia, la conselleira Mosquera agradeció a un miembro del jurado que ascendió a su marido, nombrándolo asesor, mientras Feijóo sigue apoyando al alcalde de Porriño acusado de presuntos delitos fiscales, aunque conocía el asunto desde 2013.
LO dicho: no tienen vergüenza torera. Hacen “el don Tancredo” ante la situación de España que ha tocado fondo con la destrucción de dos mil puestos de trabajo al dia; con la ampliación de las familias que no cobran subsidio y la deserción de muchos estudiantes ante los recortes que tienen en pié de guerra a los rectores.
En el Parlamento gallego, estos días se habló de sexo y de preservativos al hilo del grave problema de natalidad que nos rodea. ¿Sexo? Pero si “foden en nos”. Y en Madrid alguna autoridad se quejó de llevar “una puta vida”. Señora, nosotros los ciudadanos, si que las pasamos putas. Tengan vergüenza.
No nos ofendan. Practiquen, por lo menos la  vergüenza torera. Arrímense a la realidad. A los problemas.

NI VERGÜENZA TORERA