El índice de desarrollo humano

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Todos los años las Naciones Unidas  elabora el índice de desarrollo humano. Un ránking por países en el que se valoran esencialmente tres indicadores bien relevantes de la calidad de vida de los habitantes que en ellos residen. A saber: la longevidad vital,  la salud de los habitantes y los conocimientos de las personas que reflejan  la dignidad del nivel de vida de los ciudadanos. Estos parámetros, antaño imposibles de medir, hoy, con las modernas técnicas de evaluación de políticas públicas cualitativas, se pueden cuantificar y  en este caso la ONU los refleja en el índice que vamos a tratar en el artículo de hoy.
La encuesta se proyecta sobre 187 países y mide básicamente la calidad de vida de los ciudadanos. Un concepto que no siempre coincide con el de ingreso per cápita. Así, el país con mayor calidad de vida según el informe de la ONU en 2012 era Noruega, que, sin embargo, no encabezaba la lista de aquellos con mayor capacidad económica por habitante, que era Quatar. Tampoco el país con menor registro de renta per cápita, República del Congo, era el de peor calidad de vida, que lideraba entonces  Nigeria.
Que un país nórdico encabece el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas no debiera sorprender. Estas naciones son las que disponen de mejores niveles educativos, mejores servicios de salud y mayor compromiso con la dignidad del ser humano. En efecto,  de acuerdo con el informe de 2012, Noruega  tiene una esperanza de vida al nacer de 81.3 años, un promedio de escolaridad de 12.6 años y un ingreso bruto per cápita de 48.688 dólares. Por el contrario, los habitantes de Nigeria tienen una esperanza de vida de 55.1años, un promedio de escolaridad de 1.4 años y una renta bruta per cápita de 701 dólares. Unas diferencias, pues, demasiado grandes que nos interpelan acerca de la necesidad de achicar estos siderales espacios.
Los diez países con mayor calidad de vida eran según el informe de 2012, de más a menos, Noruega, Australia, Estados Unidos, Holanda, Alemania, Nueva Zelanda, Irlanda, Suecia, Suiza y Canadá.  Los peores, por orden decreciente: Burundi, Guinea, República Centroafricana, Eritrea, Malí, Burkina Faso, Chad, Mozambique, República Democrática del Congo y, cerrando la lista, Nigeria.
Según el índice de Naciones Unidas de 2012, España por entonces  se encontraba en el puesto número 23, justo el mismo del año 2011. Ahora, en relación con 2013, el índice de desarrollo humano de la ONU coloca a España en el puesto 27, lo que supone perder  cuatro posiciones en un año, situándonos ya por debajo de la media de los países europeos de nuestro entorno. En concreto, desde el inicio de la crisis –2008– hemos retrocedido 14 lugares. En 2008 estábamos en el puesto número 13 y en la actualidad ocupamos la plaza número 27.
España, ubicada en el grupo de los cuarenta y nueve  países más  desarrollados, es el país que pierde, en el informe de desarrollo humano correspondiente a 2013, más posiciones seguido de Finlandia y Kuwait. La más desarrollada, según este índice vuelve a ser Noruega. En España, según este informe la esperanza de vida, afortunadamente no deja de crecer así como el promedio de escolarización, otro dato positivo. Sin embargo, el índice de natalidad es de los más bajos y el índice de fracaso escolar de los más altos de Europa. La renta per cápita, como indica la ONU, no deja de caer desde 2008. Los países que nos han adelantado desde 2008 son Italia, Alemania, Nueva Zelanda, Dinamarca, Singapur, Reino Unido, Austria, Bélgica, Israel,  Luxemburgo y  Eslovenia.
Este informe de desarrollo humano también se refiere a la desigualdad entre mujeres y hombres en materia de salud y a la presencia de mujeres en cargos directivos en instituciones públicas y en empresas privadas. En este punto  también empeoramos,  pasando del puesto  15 al 16.
Saber dónde estamos en materia de calidad de vida es importante para ser conscientes de lo  mucho nos queda por hacer en este campo. Ocupar la plaza 27 en calidad de vida quiere decir que aún nos queda un largo trecho para acercarnos a aquellos que llevan muchos años apostando por una educación que transmita conocimientos sólidos, por una sanidad que atienda a las enfermos personalmente y por un ambiente en el que las políticas públicas vayan dirigidas realmente  a la mejora real y continua de las condiciones de vida de los habitantes.
En plena crisis económica y financiera, con un sistema educativo que sabemos a dónde nos conduce y con unas políticas públicas que castigan a los que menos tienen, no es difícil adivinar al puerto que podemos arribar y a quienes vamos a regalar el gobierno en el futuro si no apostamos por combatir de verdad la corrupción y por crear puestos de trabajo dignos.
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo. jra@udc.es

 

El índice de desarrollo humano