LA PRINCESA

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Y llegando el esperado último domingo de abril, se publicó la gran encuesta de referencia de la prensa gallega y ¡raca! La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa? Un Partido Popular muy cercano a la mayoría absoluta (se repite la misma situación de hace cuatro años), Ciudadanos, que sin decir nada, amaña un par de concejales; una reedición de AGE que obtendría cinco concejales y un mayor porcentaje de votos que el PSOE ferrolano.
Por eso, queridos amigos, precisamente por eso llora la princesa. La ya tradicional encuesta no dice otra cosa que el sentir de la calle. Ya lo dije en mi anterior artículo titulado “El runrún”: ningún candidato de la oposición suena como posible alcalde. Me cuentan personas cercanas a los discípulos de Pablo Iglesias que los efectos de la referida publicación han caído como una auténtica bomba atómica en la propia candidatura socialista, quienes hasta ese día parece que vivían en la burbuja de la irrealidad. En una especie de viaje a Venus mecaniano. Se llama retroalimentación entre compañeros; y básicamente consiste en decirse todos los días que somos los más guapos y preferidos. Al final hasta hay alguno que se lo acaba creyendo. Pero a lo que iba: los resultados de los socialistas ferrolanos son la consecuencia de la política de “tierra quemada” que ha venido ejecutando la Srª Sestayo contra sus propios compañeros desde hace algo más de seis años. A la hemeroteca me remito, pues el proceso de aniquilación de “otros socialistas” fue puntualmente filtrado a los medios de comunicación social.
El número de cadáveres que ha ido dejando la princesa por el camino es demasiado elevado como para poder remontar los resultados a 30 días de las elecciones. A su candidatura no la va a votar ni la eufemísticamente denominada “gran familia socialista”.
De ahí el lógico resultado de la encuesta. Mientras tanto, los comunistas por un lado y los ciudadanos por el otro, se están frotando las manos ante el Trafalgar socialista que se avecina. En este escenario no deja de ser curiosa la pugna que tienen las izquierdas entre sí por hacerse con la medalla de plata. Ninguno se atreve a poner en duda al ganador de las elecciones.

 

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