¿Esperáis que os aplaudamos?

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La banda asesina entrega parte de sus armas. Cómo dijo en Nola, en su lecho de muerte Augusto, “Acta est fabula, plaudite”. Y en efecto, la banda terrorista sigue escenificando sus comedias, sus pequeñas farsas, llenas sin embargo de alharaca barata y grandilocuencia estética. Ella dice que está desarmada. Probablemente no sea totalmente cierto. A todas las luces visto el “arsenal” pequeño sin duda entregado, no lo está. Han escenificado un episodio más de un epílogo que no termina. Y solo puede terminar con el arrepentimiento o perdón, con la colaboración con la justicia para esclarecer más de 314 asesinatos sin que se conozca la autoría material y, finalmente, para disolverse. Ese día la pesadilla habrá terminado. Terminado porque el verdugo de la libertad y la democracia en estos años habrá cesado para siempre en lo único que supo hacer y ejecutar: violencia.
Es mucho el dolor que ha dejado, pero también el silencio y la indiferencia de una parte de la sociedad que miró hacia otro lado o fue cómplice con su apoyo. Hoy parece que todo eso cae en saco roto. Hoy el verdugo de ayer y sus satélites políticos, algunos miembros de la banda, pretenden rescribir una historia bien distinta. Hoy, la banda terrorista, la misma que asesinó a cientos y cientos de personas inocentes, que secuestró, que trató de arrodillar a instituciones y a la sociedad vasca y española, no se arrepiente en absoluto de su historia de crímenes, chantajes, extorsiones y terror practicados sin conmoverse un milímetro. Miran hacia otro lado, el de la indiferencia, ese mal que cohabitó también durante décadas en medio de una sociedad silenciosa, voluntariamente silenciosa y que quiso mirar hacia el lado más vergonzoso. Lejos quedan los coches bomba, los tiros en la nuca, los atentados brutales, despiadados. Pero el día que los demás los olvidemos definitivamente, volveremos a matarlos por segunda vez. El silencio y el olvido matan. Quiebran la moral de una sociedad más grande que lo que son, serán y han significado sus verdugos. Hoy, el recuerdo solo es y puede ser para las víctimas. No para la mentira, para la amnesia selectiva y bien inoculada por el radicalismo, el abertzalismo más afín a la banda. Aquí hubo un auténtico genocidio a quién pensara distinto, a quién no sintiera como la mano asesina y a quién no apoyara los propósitos criminales.
Entregan armas, pero ¿qué quieren, qué esperan?, qué les aplaudamos, qué olvidemos, qué aceptemos sus mentiras, las de ayer y las de hoy? Qué renunciemos a ser sociedad sino es tal y como ellos la quieren diseñar, imponer con exclusiones? No. Nunca han sido mejores que nosotros, al contrario. Han asesinado. Con cobardía, con miseria, con inhumanidad, pues nada es más antihumano que robar la vida ajena. Ya tenéis vuestra foto, vuestro desarme en los medios, sin que se hayan producido detenciones en sus protagonistas, algunos con un pasado que todos conocemos. Disolveos. Colaborad con la justicia. Sentaos frente a frente de cada víctima y mirándoles a los ojos, pedidle perdón. Ese día seréis parte de nuestra sociedad, la que quisisteis doblegar, arrodillar, matar, silenciar. Mientras dejaos de farsas, de pantomimas, de miserias morales. Miradle otra vez a los ojos a las víctimas, pedidles perdón de nuevo, pues nunca se termina de pedir perdón. Con sinceridad, sin más patrañas. Habéis sido derrotados. Rescribir e invertir la historia no os corresponde. Es mucho el dolor que causasteis.

¿Esperáis que os aplaudamos?