Y estaba allí

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A  fuerza de acudir a las manifestaciones, comprendí el mundo de la trashumancia. Todo es vendible; bandera, patria o religión. La verdad es muy relativa en el mundo político. Un bla, bla, bla opiáceo insoportable. Solo tiene consistencia si conlleva el abultamiento de una cartera o una cuenta corriente de miles de dígitos. Teatro, teatro de lo absurdo.
El mar estaba bravío. Y un implacable sol amenazaba con transmutar la fina y blanca arena en tiras oscilantes de fuego. Era el uno de septiembre con sus mareas vivas convirtiendo al mar en un temible sicario. Un hambriento maligno en busca de víctimas inocentes. Y topó con dos chiquillas de 17 años a punto de ser zampadas. Sin embargo, él estaba allí en busca de la cresta de las olas; y al salvarlas colocó el punto en las íes. Al mismo tiempo que una moto de agua y una lancha se pudren en el Sánchez Aguilera. Fernando Carballido, un héroe impagable.

 

Y estaba allí