Pepita adorada...

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Así comenzaba una bella habanera que cantábamos en mi casa cuando se acercaba la fiesta de San José. En mi familia, numerosa por cierto, siempre hemos sido muy “musicales”, con buenas y afinadas voces, además de hermanas y hermanos que tocaba algún instrumento musical, como el piano, la guitarra, el laúd, la bandurria, etc… Los miradores de nuestro domicilio, tanto de la calle Galiano como de la Real, ya que nuestro edificio daba a ambas rúas, por estas fechas de la celebración de San José, solían recibir la ronda de diversos grupos musicales en serenata particular a mis hermanas, ¡siete nada menos!, y que eran realmente bellas ferrolanas. No tengo empacho en decirlo. En mis recuerdos infantiles y juveniles se encuentran las notas musicales de pasacalles, valses, habaneras, danzas, etc. que interpretaban las “Rondallas de las Pepitas”. Como olvidar aquello de “Amor Bohemio”: “Es ferrolana hermosa tu pueblo mismo, un pálido reflejo de tu beldad, tus rectas y amplias calles son cual su alma, en la que no hay reveses, todo es bondad.” Se trataba de una singular “pirueta poética” que enlazaba la belleza de mujeres ferrolanas y de mismo Ferrol como tal. Esta tradición ferrolana de la “Noche de las Pepitas” es una actividad que, por fortuna, ha sido de vital importancia y ha venido a limar alguna que otra aspereza entre los dos inequívocos y coexistentes sectores de la sociedad ferrolana de entonces. No hay duda que a finales del Siglo XIX existía en Ferrol una burguesía acomodada, formada por técnicos navales, comerciantes, funcionarios, marinos y militares, y las clases más populares constituidas por trabajadores navales, obreros o empleados modestos. Hoy en día, cuando nos hemos atrevido a decir que toda la sociedad es “clase media”, han disminuido, aparentemente, esta brecha social existente antaño.
No me resisto a citar a las Rondallas de mayor renombre, unas desaparecidas y otras perduran, como “Armonía”. “Añoranzas”, “Trovo del Alba”, “Lucero del Alba”, “Rondalla del Club de Campo”, “Bohemios”, etc. La tradición se extendió a Ferrolterra y surgieron agrupaciones musicales de “las Pepitas” en Mugardos, Fene, Neda, Ares, etc. Pero incluso en Madrid, donde residen muchos ferrolanos, surgieron al menos dos Rondallas, como fueron la desparecida “Barlovento”, surgida de la mano de Andrés Auz y Juan Torrente,  y al actual “Nuestra Señora de Chamorro”, de la que fueron fundadoras dos de mis hermanas, Maribel y Mari Paz Permuy, y a cuya cena anual recaudatoria asistí mientras tuve mi residencia en Madrid, y en alguna ocasión, incluso, subí al escenario para cantar alguna habanera como aquella que dice: “Hermosa doncella, mujer ferrolana, gentil y lozana, cual rosa de abril. Divina hermosura, mujer hechicera, la vida yo diera, Pepita por ti.” Afortunadamente nuestros regidores municipales, pasados y presentes, apoyan la continuidad de esta bella tradición. Recuerdo que uno de nuestros alcaldes, Manolo Couce, presidió una de las Rondallas, y Rey Varela asistió en Madrid a una de las cenas mencionadas. Finalizo citando a un gran músico ferrolano, como es Juan Pardo: ¡Bravo por la música, que nos hace mágicos! “Las Pepitas” también nos hacen serlo.
 

Pepita adorada...