Dispersión escolar

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Doscientos mil escolares de infantil, primaria y educación especial se incorporaron a las aulas la semana pasada en Galicia. En la que entra lo harán los 160.000 de ESO, Bachillerato y Formación profesional. Unos y otros se fueron de vacaciones cuando entraba el verano y vuelven cuando llega la nueva estación meteorológica: el otoño. Casi tres meses de descanso ininterrumpido para los muchachos, que no para los profesores. Durante el curso les esperan 33 días a mayores. 
El curso se inicia aquí y en el resto de España con varias novedades. Por una parte,  continúala implantación de la Lomce o ley Wert en nuevos cursos y etapas. Por otra, estrena reválida. En mayo del año que viene los alumnos de 6º de Primaria deberán pasar por una evaluación, nacional y estandarizada, que se hará de la misma forma en todos los colegios y en todas las comunidades autónomas. Será sólo de diagnóstico; es decir, que no tendrá consecuencias académicas. 
El año académico estrena también ministro. Se fue el hipercuestionado José Ignacio Wert y desde finales de junio gobierna los destinos de la Administración educativa central Íñigo Méndez de Vigo; un hombre dicharachero y extrovertido, letrado de las Cortes por oposición y buen conocedor delos entresijos comunitarios europeos después de sus casi veinte años como diputado del Parlamento europeo. 
No sé si es porque lo ven blandito o porque en realidad no tendrá tiempo para casi nada, perola realidad es que parece haber aplacado de momento a la oposición política, a los sindicatos profesionales y a las comunidades autónomas rebeldes con algunas novedades de la reforma educativa. 
Con los disidentes ha acordado una reconsideración de las reválidas de ESO y Bachillerato. De los sindicatos de docentes ha recogido la petición de un plan de recuperación de los empleos perdidos en el sector durante la crisis, que se calculan entre 30.000 y 50.000, lo que permitiría rebajar la cuestionada proporción alumnos/profesor. Y si a ello se añade la subida de la cuantía de las becas, en este sentido, el curso se augura tranquilo. Al menos en su comienzo. 
No obstante todo ello, el gran problema va a ser –me temo– el descontrol en que se va a desarrollar. Y es que entre los efectos inevitables de una atropellada implantación de la Lomce, los cambios de color político en varias  Administraciones territoriales, la desobediencia militante de algunas, la introducción de las llamadas asignaturas de libre configuración autonómica y hasta la participación de los propios centros en la configuración de los currículos que la propia ley propicia, todo ello va a producir un más que notable efecto atomizador. Una dispersión próxima a los diecisiete sistemas educativos otrora tan denostados.

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