Cultivar los idiomas

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Como resulta fácil hacer leña del árbol caído y como, además, en este caso el árbol en cuestión es en buena medida blanco de las críticas por ser la esposa de quien es, no debe sorprenderse nadie de que medios convencionales y redes sociales hayan abundado en “el ridículo” que pudo haber hecho Ana Botella con el inglés que manejó en la presentación en Buenos Aires de la candidatura olímpica de Madrid.
No fue la única en mostrar tal deficiencia. Porque también la fonética del propio presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, fue manifiestamente mejorable. Y los mismos japoneses ofrecieron de todo un poco.
Se trata fundamentalmente de un problema generacional. Muchos somos todavía los que en el Bachillerato tuvimos como idioma extranjero  el francés y no nos adentramos –lo justito– en la lengua de Shakespeare más que cuando por razones profesionales no nos quedó más remedio. Y ya se sabe que cuando no se llega a tiempo a un idioma sucede lo que sucede.
Por otra parte, si aquí en nuestro país a más de uno todavía le cuesta asumir que el plurilingüismo es mucho más que dominar las llamadas “lenguas propias” de ámbito regional, no debería resultar extraño que hayamos llegado tarde a la batalla por conocer a fondo –escuchar, hablar, leer y escribir– el idioma en que hoy se expresa el mundo de la investigación, de la técnica, de la economía y de las relaciones internacionales: el inglés.
Por fortuna, las jóvenes generaciones son ya otra cosa, como también se demostró en la capital bonaerense. Y por fortuna los propios Gobiernos nacional y autonómicos, así como instituciones de muy diverso signo vienen desplegado notables esfuerzos e iniciativas para superar el déficit casi endémico que tiene nuestro país en el conocimiento y uso adecuado de las lenguas extranjeras y muy particularmente del inglés.
No obstante, aún falta mucho camino por recorrer. Y es que de acuerdo con determinados estudios próximos a la realidad laboral, sólo el 16,41 por ciento de los españoles considera que tiene un nivel avanzado en inglés, al tiempo que casi la mitad de ellos –un 47 por ciento– piensa que ha perdido alguna oportunidad de trabajo por no dominarlo.
En la misma línea alguna otra reciente encuesta reflejaba que si bien un 85 por ciento de los entrevistados no tenía problemas a la hora de leer un texto en inglés, ese mismo colectivo  era incapaz de mantener una conversación fluida con el entrevistador.
Las familias, finalmente, empiezan a ser conscientes de que lo que se pueda aprender en el colegio, únicamente representa para los chavales un primer y elemental paso. Ahí está como mejor testimonio de ello el incremento de matrículas que conocen escuelas y academias complementarias de idiomas.

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