El dolor de la miseria

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Acabo de regresar de Bogotá donde he asistido a su feria del libro. Pero no, este artículo no va de libros, sino de personas, de refugiados venezolanos que malviven en las calles de Bogotá. Les cuento lo que he visto, lo que he escuchado, de lo que he sido testigo. Desde hace años son miles los venezolanos que huyen de su país. Y lo hacen porque en la Venezuela de Maduro se pasa hambre, se carece de lo más elemental para sobrevivir. Los hospitales están desabastecidos y la vida se ha convertido en una pesadilla.

En alguna otra ocasión les he contado sobre este éxodo de venezolanos porque no hay país latinoamericano que visite donde no sea evidente la presencia de los exiliados. Pero en está ocasión les confieso que regreso de Bogotá impresionada. En cada esquina te encuentras con familias sin ningún recurso que han huido de su país porque allí la situación es insostenible. El cabeza de familia suele llevar en la mano un cartel en el que explica que son exiliados, que tienen hambre, y solicitan una ayuda.

Si te paras a hablar con estas familias compruebas que sus historias se parecen. Hombres que señalando a sus hijos te explican que tomaron la decisión de emprender la marcha hasta Colombia porque en su país no podían sobrevivir. Y en sus relatos más que indignación lo que aflora es un dolor intenso y sobre todo desesperación. Sueñan con regresar pero saben que no hay regreso posible mientras perviva el régimen chavista.

Estremece escucharles como con lenguaje sencillo explican como era su día a día en Venezuela. El terror a que alguien les señalara por no ser suficientemente chavistas o por atreverse a quejarse de la miseria. Algunos bajan la voz para contar las atrocidades de los grupos paramilitares. Han huido por hambre y por miedo y con la esperanza de encontrar un futuro.

Pero Colombia está colapsada. Sus servicios sociales no dan abasto. De manera que estas familias vagan por las ciudades sobreviviendo de la caridad. Son familias humildes, que se ganaban honradamente la vida y a la que de repente les han robado su futuro.

Y siento una indignación por quienes desde nuestro país ponen en duda la tragedia de Venezuela y señalan con desprecio a estas familias por dejar el país, por no ser chavistas y denunciar con su éxodo un régimen que ha ido limitando la libertad y sembrando miseria. A quienes aún defienden el chavismo no les vendría mal sentarse a escuchar a estas familias.

El dolor de la miseria