Trabajadores

|

Una va teniendo ya vivencias suficientes y de todo tipo, como para reparar en que- posiblemente- el mayor de sus méritos consista en continuar siendo una persona de bien, lo que me sitúa inexorablemente en el cómputo general de la buena gente a mucha honra… Y es que, al final, cada uno de nosotros no somos más que gente. Elegir estar en el bando de los buenos o de los malos, ya es cosa de cada cual.
Hay seres que luchan cada día por sostener a sus familias anteponiéndolas a sí mismos. Se matan a trabajar de sol a sol y no hacen más porque no se les da la oportunidad, porque la fortuna se empeña en jugar al escondite con ellos, o porque veinticuatro horas al día son insuficientes para tener la oportunidad de un desdoblamiento mayor.
En la otra cara de la moneda se encuentran aquellas personas que deberían trabajar, pero a las que no se les facilita la oportunidad para ello. Puestos de trabajo copados por recomendados que esperan con ansia la llegada del día treinta para cobrar, colapsan el mercado laboral de escaso talento, mucha mediocridad y un bloqueo acérrimo a una actividad profesional que les reporta mensualmente lo necesario para vivir como quieren y que, por tanto, no están dispuestos a soltar fácilmente.   
Existen individuos que simplemente no desean trabajar y tienen  la fortuna de poder lograrlo por medio de subsidios, bajas laborales, rentas, herencias, ventas patrimoniales o cónyuges desasnados. Son artistas en ir colándose por el agujero de una aguja.  En este sector, destacaría los que tratan de aparentar que hacen por medio de mucho ruido y de muy pocas nueces, y los que ya ni se molestan en disimular.
No puedo dejar de mencionar a los fenómenos que todos conocemos y que no solo no se matan a trabajar, sino que deberían matarse ellos. Capullos de postal irresistibles cuya mayor aportación a la sociedad consiste en poner cara de sabueso al personal, dificultar toda gestión que pasa por sus manos, y poner siempre el no por delante. Gente frustrada que aprovecha su puesto fijo para vengarse de todo y de todos. Seres burocráticos que conocen la salida sencilla, pero que sin embargo prefieren mostrar la más complicada. Individuos que, agazapados tras una mesa de despacho y el calor de un radiador que pagan otros, disfrutan percibiendo la desesperación ajena, así como tratando de poner en valor un trabajo-el suyo- sobre el que tienen serias dudas.   
Salvando a los niños, a los enfermos o a los jubilados; el resto de la población deberíamos pertenecer a alguno de los grupos anteriormente señalados. Elijan ustedes con cuál de ellos se identifican… Y sean lo que quieran o lo que puedan ser, pero háganlo con honestidad, sin paños calientes y recordando que por encima de todo somos personas que, además, deberíamos ser buenas… No serlo, es lo realmente imperdonable.

Trabajadores