CREADORES DE REFUGIADOS

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Un proverbio chino dice que el que siembra vientos recoge tempestades, lo cual casi siempre es cierto. La tragedia que está ocurriendo en aguas del Mediterráneo se veía venir –no hacía falta ser muy listo– desde hace tiempo. 
Se habla de mafias, del EI, de la guerra civil siria, del caos en Libia y en Irak, pero no se habla –los medios lo callan maliciosamente– de las causas, las razones, sólo se habla de los efectos. Pero de aquellos polvos vinieron estos lodos. Hacernos creer que Occidente es inocente, que todo lo hace de buena fe y basado en unos valores, no es una simple tomadura de pelo, es una infamia. No hay duda que manipular, tergiversar y falsear la verdad forma parte de la “oferta” informativa que nos brindan cada día los emporios mediáticos europeos. 
Ellos omiten que fueron los saudíes, los cataríes, el gobierno del señor Erdogan y algunos países de la UE, como Inglaterra y Francia, los que apoyaron abiertamente muchos de esos conflictos, alegando que era para acabar con los dictadores y establecer la democracia. Aunque quedó demostrado que sólo eran falacias, argucias, excusas, que el objetivo principal era imponer gobiernos afines a los intereses energéticos occidentales. Quizá esa clase de intereses son los valores reales que pregona Europa.
La irresponsabilidad de algunos gobiernos –y la avaricia desmedida de las multinacionales– llevaron caos, muerte y destrucción a muchos países del Medio Oriente. Una serie de políticas nefastas, enfocadas única y exclusivamente a satisfacer intereses espurios, rompieron el equilibrio en el cual se sustentaba todo el andamiaje político y social de esa región. 
Sus dictadores, aunque no nos gustaran, mantenían ese equilibrio. Lo peor es que los responsables de romperlo se fueron de rositas, hoy nadie les pide cuentas. David Cameron incluso volvió a ser reelecto primer ministro y Sarkozy tiene todas las papeletas para volver al Eliseo en 2017, lo cual significa que los pueblos también son culpables. 
Según los “criterios” occidentales, Muamar Gadafi era bueno al principio, después pasó a ser malo, más tarde volvió a ser bueno. Hasta que finalmente decidieron acabar con él. Lo mismo sucedió con el actual presidente sirio, Bashar al-Assad. Al principio no era tan malo, después pasó a ser muy malo, tanto que si no acabaron con él –ya le estaban preparando otro “corredor aéreo” como al libio– fue porque estaba Moscú por medio.  Ahora parece que vuelve a ser presentable, dicen que hay que contar con Assad para acabar con el EI. Curiosamente, las personas que se van de Siria no huyen de su régimen, sino de la guerra y de los yihadistas.
La realidad es que las intervenciones en Oriente Medio –unas militares y otras a través de las primaveras árabes– han provocado varios Estados fallidos, que serán difíciles de volver a recomponer. Eso sólo podría hacerse mediante un gran acuerdo internacional, un acuerdo de confianza, de buena fe entre las grandes potencias. Ese el único camino. 
Los errores políticos pasan factura, casi siempre tienen costes humanos, sociales y económicos elevados. 
Sin duda, Europa está pagando esa factura, producto de una política exterior poco inteligente, imprudente, temeraria e irresponsable en algunos casos. Una política que algunos gobiernos europeos se empeñaron en llevar a cabo a toda costa, por su cuenta, sin contar con los demás socios. 
Fue una política irresponsable, incluso dentro de la propia Europa, tanto que en Ucrania puede reproducirse –lo dijo Jean-Claude Juncker– el escenario sirio. Los acontecimientos allí están alcanzando tal gravedad, que pronto pueden producir millones de refugiados. 
No importa que se ordene bloquear las costas de Siria, del Líbano o de Libia con barcos de guerra, que Budapest envíe su ejército o al mismo sursuncorda a la frontera serbo-húngara, nada ni nadie podrán detener a personas desesperadas. 
Lo mejor que pueden hacer los “iluminados “ que dirigen esta desdibujada Europa, además de ayudar a los refugiados, es empezar a repensar la política exterior. El actual modelo es un fracaso.
 

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