Intenciones papales

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La semana pasada el Papa Francisco se dedicó a la tarea diplomática viajando a Georgia y Azerbaiyán lo que, supongo,  será etapa previa del importante futuro viaje a Rusia. El viaje ha sido corto, dos días en Georgia cuya población es mayoritariamente cristiana ortodoxa y uno en Azerbaiyán donde el 97% de sus habitantes son musulmanes, con solo un 2% de católicos a quienes la presencia del Papa les habrá dado ánimo. A Francisco, que en Georgia fue recibido con un rechazo sonoro por parte de los fieles ortodoxos, hay que reconocerle el esfuerzo y su tesón en tender puentes que favorezcan el acercamiento de las Iglesias de Oriente y Occidente, separadas desde 1054 por causas políticas disfrazadas de razones teológicas. Demasiado tiempo de cabezonadas que para nada son ejemplo evangélico. 
Pero se celebró el encuentro deseado entre Francisco y el patriarca Elías II, pero por lo que dicen las crónicas la frialdad fue la tónica de la reunión, es decir, mucha cortesía política, aunque estoy seguro que al Papa no le impedirá insistir en su objetivo. La sorpresa fueron las palabras de Francisco  en la celebración de la misa en Tiflis refiriéndose a la mujer y su papel en la Iglesia. La verdad es que me sorprendió la rotundidad de sus argumentos y la gran defensa del trabajo de la mujer en la Iglesia. El caso es que sus palabras no se queden en un discurso contundente, porque dudo de que el Papa sea capaz de dar un puñetazo en la mesa y poner las pilas a quien corresponda para que todo lo que predica sea realidad y la mujer se incorpore totalmente en la Iglesia. A veces pienso que Francisco actúa como el que enseña un caramelo a un niño y cuando éste lo quiere coger, se lo quita. Así solo crea desconfianza.
 Al Papa le corresponde seguir intentando el Ecumenismo y hacer una Iglesia más creíble como parece que quiere en España nombrando cardenal a Carlos Osoro, a quien aprovecho para felicitarlo y animarlo a que tome las iniciativas para que a la tristeza de la mayoría de nuestras diócesis, les llegue el aire fresco y trabajen, que ya no vale fotocopiar lo del año anterior.
La semana pasada el Papa Francisco se dedicó a la tarea diplomática viajando a Georgia y Azerbaiyán lo que, supongo,  será etapa previa del importante futuro viaje a Rusia. El viaje ha sido corto, dos días en Georgia cuya población es mayoritariamente cristiana ortodoxa y uno en Azerbaiyán donde el 97% de sus habitantes son musulmanes, con solo un 2% de católicos a quienes la presencia del Papa les habrá dado ánimo. A Francisco, que en Georgia fue recibido con un rechazo sonoro por parte de los fieles ortodoxos, hay que reconocerle el esfuerzo y su tesón en tender puentes que favorezcan el acercamiento de las Iglesias de Oriente y Occidente, separadas desde 1054 por causas políticas disfrazadas de razones teológicas. Demasiado tiempo de cabezonadas que para nada son ejemplo evangélico. 
Pero se celebró el encuentro deseado entre Francisco y el patriarca Elías II, pero por lo que dicen las crónicas la frialdad fue la tónica de la reunión, es decir, mucha cortesía política, aunque estoy seguro que al Papa no le impedirá insistir en su objetivo. La sorpresa fueron las palabras de Francisco  en la celebración de la misa en Tiflis refiriéndose a la mujer y su papel en la Iglesia. La verdad es que me sorprendió la rotundidad de sus argumentos y la gran defensa del trabajo de la mujer en la Iglesia. El caso es que sus palabras no se queden en un discurso contundente, porque dudo de que el Papa sea capaz de dar un puñetazo en la mesa y poner las pilas a quien corresponda para que todo lo que predica sea realidad y la mujer se incorpore totalmente en la Iglesia. A veces pienso que Francisco actúa como el que enseña un caramelo a un niño y cuando éste lo quiere coger, se lo quita. Así solo crea desconfianza.
 Al Papa le corresponde seguir intentando el Ecumenismo y hacer una Iglesia más creíble como parece que quiere en España nombrando cardenal a Carlos Osoro, a quien aprovecho para felicitarlo y animarlo a que tome las iniciativas para que a la tristeza de la mayoría de nuestras diócesis, les llegue el aire fresco y trabajen, que ya no vale fotocopiar lo del año anterior.
 

Intenciones papales