El maldito odio

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Es innegable que en España se odia mucho y por importantes motivos. En estos últimos días hemos seguido, en los medios de comunicación, diversos casos de estos repugnantes delitos recogidos en nuestro Código Penal y castigados con penas de cárcel bastante abultadas, según los hechos y circunstancias.
Por cierto que, si consultamos la página oficial del Ministerio del Interior que dirige el señor Zoido, parece que el delito de odio lo mismo sirve para un roto que para un descosido y abre una especie de “cajón de sastre” en el que todo cabe. La mencionada página oficial nos viene a decir que es delito de odio “cualquier incidente dirigido contra una persona o grupo motivado por “cualquier otra circunstancia o condición social o personal”, a parte de los motivos perfectamente legislados. Y se quedan tan anchos.
Lo cierto es que el Código Penal español acota, con toda precisión, el delito que nos ocupa, circunscribiéndolo, exclusivamente, a motivos racistas, antisemitas, referentes a la ideología, a la religión o creencias, a la situación familiar, pertenencia a una raza o nación, al origen nacional, al sexo, orientación o identidad sexual, a razones de género, y enfermedad o discapacidad. No se abre la puerta a otras circunstancias, tal como parece amparar Zoido en su página oficial.
Por hacer referencia a algunos casos recientes de odio, recordamos la paliza a una anciana rumana indigente, los whatsapps más que preocupantes de un numeroso grupo de agentes de la Policía Municipal de Madrid o el horroroso asesinato de un hombre, al parecer por lucir unos tirantes con los colores de la bandera nacional.
Es cierto que, cuando se producen estos execrables hechos, prácticamente todo el mundo etiqueta, o pretendemos etiquetar, a los autores de los mismos, adscribiéndolos a ideologías extremas, tanto de derechas como de izquierdas. Sin embargo, a raíz del tan cacareado “Procés” catalán hemos visto, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, una nueva explosión de odio que denominaríamos “trasversal”. Así pues, personas de muy similar ideología política, en lo que se refiere al ámbito estatal, como sería el caso de militantes del PP o C’s con respecto a los de la antigua Convergencia i Unió o Partido Democrático de Cataluña, de ideología conservadora, en cuanto surge el componente separatista, secesionista o nacionalista, terminan mostrándose su “odio eterno” y su descalificación permanente. Caso similar ocurre entre el PSOE y ERC, que llegaron a gobernar juntos en Cataluña, y ahora, prácticamente, se detestan. No se salva tampoco la llamada “tercera vía”, que representa En Común Podem, que recibe los odios de unos u otros, según los “cantos de sirena”, procedentes de ambas partes, que rechazan los “comunes”, manteniéndose en ese equilibrio imposible.
Hemos sido testigos, en las redes sociales, como amigos de toda la vida e, incluso, familiares, han terminando bloqueados, borrados y enemistados, a causa de este odio irracional que anida en el corazoncito fratricida de todos los que moramos, de grado o “por fuerza”, siempre ideológica, en la llamada Piel de Toro, Estado de las Autonomías o España, como queráis llamarla. ¡Maldito sea el odio!
 

El maldito odio