Una democracia sin demócratas es papel mojado

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si entendemos por democracia aquel sistema político que, asume que la soberanía de un estado radicada en los ciudadanos y, el derecho que tienen éstos a elegir y controlar a sus gobernantes, ya tenemos las suficientes y simples premisas para verificar si realmente vivimos en una democracia.
Los demócratas no nacen, ni aparecen como la setas en temporada. Un estado no pasa de una dictadura a una democracia por el hecho de escribir una constitución. Una democracia sin demócratas, y sólo con una constitución de papel, puede llegar a ser un estado de papel mojado.
¿Cómo elegimos y controlamos a los gobernantes? Si ellos se presentan en listas cerradas, elaboradas por la cúpula de cada partido político, que sólo pretende su fidelidad hacia los de arriba, y no responder ante los ciudadanos que les votan, nos encontramos en otro sistema. no representativo. Si, además, el control de su gestión legislativa, judicial y ejecutiva se concentra en sus cúpulas, nos encontramos en otro sistema no representativo, y de poderes dependientes.
Democracia, todavía es una asignatura pendiente. He repetido con frecuencia que no resultó fácil nuestra transición. Los Pactos de la Moncloa, durante un plazo de hecho demasiado largo encubrieron acuerdos de las cúpulas del poder. Pero hoy en día, en plena Era Digital, todavía existen muchos intereses políticos, que siguen retrasando condiciones de regeneración y revisión de nuestras instituciones. La actual soberanía de los ciudadanos se parece más a los modelos censitarios y territoriales del siglo XIX, del dedo dictador, que atendiendo a un mercado real globalizado dominado por las grandes potencias económicas.
Cada vez que vemos un nuevo caso de corrupción, se constata aquel acuerdo sistémico de los inconfesables pactos de las cúpulas. Esos expedientes de corrupción, guardados por décadas, en los cajones (de los partidos, de los sindicatos, de los bancos, de la iglesia, de la prensa, de la policía, etc.), demuestra algo putrefacto en nuestra transición. Cedimos el control del gallinero democrático a personas con perfiles poco democráticos. La verdadera memoria histórica estría en la soberanía ciudadana, si pudiéramos analizar y criticar abiertamente que ha pasado en estos cuarenta años, antes de que se vayan muriendo los que tuvieron responsabilidades en esas cúpulas del poder. Dejemos para los historiadores el estudio de la Guerra de Cuba, que puede resultar muy interesante para conocernos mejor. Pero con ochenta años de tiempo ya transcurrido, desde la finalización de la cuarta guerra civil, nos deberían permitir analizar con visión de futuro los cuarenta años de la democracia, y así comprobar si ya asumimos los errores cometidos.
Creo que en estos años hemos asistido, pacientemente, a unos hechos muy graves. Las instituciones no son capaces de responder con claridad, y en tiempo real, a los sucesos cotidianos. Los remiendos legislativos se evidencian en las sentencias. Nadie ha devuelto lo robado hasta la fecha, tal vez con la connivencia de las instituciones. Otros, quieren independencia para no ser juzgados y pagar sus delitos. 
Los múltiples parlamentos territoriales eligen sus propias cúpulas de poder: legislativo, judicial y ejecutivo. Este tutelaje partidista, convierte a la ciudadanía en menores, sin soberanía real democrática. ¿Hasta cuándo nos seguirán bajando los sueldos, mientras queda a su libre albedrío subírselo para ellos? ¿Hasta cuándo las jornadas de trabajo se seguirán alargando? ¿Hasta cuándo los despidos masivos seguirán prejubilando a personas con la mayor capacidad productiva? ¿Hasta cuándo tendremos administraciones duplicadas, triplicadas, o cuadriplicadas, solamente para justificar el reparto de inútiles cúpulas de los partidos, como fincas territoriales privadas lo público? ¿Hasta cuándo existirán partidos locales, bajo excusa de interés nacionalista, creando desigualdad general en toda la ciudadanía del estado? ¿Hasta cuándo los robots seguirán sustituyéndonos en los puestos de trabajo y, utilizando nuestra mano de trabajo gratis en los bancos? ¿Cuándo va a llegar esa soberanía democrática de un estado, radicada en los ciudadanos? ¿Cuándo va a llegar el derecho que tienen los ciudadanos a elegir y controlar a sus gobernantes?
Solamente si superemos esta asignatura pendiente, seremos ciudadanos demócratas y alcanzaremos la democracia. Mientras, seguiremos siendo ciudadanos con minoría de edad, tutelados bajo un paternalismo de partidos, sindicatos, bancos, Iglesia, prensa, policía, etc. La sociedad civil no está presente en los modelos educativos, por ello, nuestra educación democrática está infantilizada gracias a los intereses de las cúpulas, y especialmente a través de la manipulación de los medios de comunicación, alcanzando límites vergonzantes en nuestro infantilismo democrático. Vemos, en tantos programas de gran audiencia y seguimiento diario de masas, la vulneración de los derechos de la persona, como si nada pasara.. 

Una democracia sin demócratas es papel mojado