¡Epa!

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Me gustaría saber qué contenía la EPA para despertar tal grado de euforia en un sujeto proverbialmente circunspecto como Rajoy. Porque, si no fue el informe en sí, alguna sustancia le habrán impregnado a las hojas. Algo de eso debe de haber. El presidente del Gobierno dijo que estaba “contentísimo” con los datos de la Encuesta de Población Activa. Extraño comportamiento en un sieso. A ver, si no fue peyote ¿sería un alucinógeno lo que aspiró mientras pasaba las hojas del dossier? Pudiera ser un trippy. ¿Un pitillito de la risa tal vez? Eso debió de ser, claro, y acabó contentísimo. “Colocao”, que se dice. Será que ha visto la luz y se ha vuelto “enrollao”. Soñará un entierro con armón y toda la parafernalia, como el de aquel alcalde sibilino que decía que el que no estuviese “colocao” se colocara... y al loro. Que un carcamal como aquel dijese eso descolocó tanto a los manguis y a los coleguis que acabaron haciéndole un funeral de “Estao” cuando la diñó. Se cuenta que aquel día durante aquellas solemnes exequias (no muy diferentes a las que le habían organizado once años antes al enano de la voz de pito), entre lágrimas y el pop blandito y baboso de la movida madrileña, un sahumerio de estupefacientes ocultó el sol.
Igual de estupefacto con las cifras de la EPA se quedó Rajoy. Tan contento. Mirada perdida y ojillos entornados y enrojecidos. Buaah, colega, dabuten... En el mundo lisérgico arriba es abajo y dentro es fuera. Mariano a través del espejo. Mil es más que diez mil. Ocho mil parados menos es mucho mejor que ciento sesenta mil pringados más. Gran noticia. La economía crece y ya se ve el final del túnel. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez... más. Pero como en el mundo de la macroeconomía más es menos y menos es más según convenga, que le den por saco a la microeconomía. A quién le importa. Si seis millones no eran nada, cinco millones y mucho pico son menos, cae de cajón. La diferencia está en el pico y lo del pico ya son palabras mayores. Puede dar un mal viaje. Lagarto, lagarto, don Mariano. Usted a lo suyo y a los suyos, que esto se arregla solo o se va al infierno. Si tiene remedio, para qué preocuparse, y si no lo tiene, un par de caladitas y a volar. Después se pasa a los colegas, como manda la etiqueta, y ya tenemos el buen rollito “montao”.
Los datos de la EPA alegraron a Rajoy. Y como la alegría y la risa floja son contagiosas como un bostezo, otro tipo festivo como un cascabel, Feijóo, aspiró también y anunció que ahí van cincuenta millones de metros cuadrados de suelo industrial para acabar de cementar Galicia. Decenas de polígonos industriales para que se instalen centenares de empresas que darán empleo a miles de trabajadores que darán de comer a decenas de miles de familias y centenares de miles de personas.
¿Pero qué diablos espolvorearon en el informe ese de la EPA?

¡Epa!