Parados titulados

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Con frecuencia se suele afirmar que esta crisis se va a llevar por delante a la generación mejor preparada de jóvenes. Esta máxima, que por repetida ha terminado por calar en la sociedad, contrasta con los resultados que, año tras año, los jóvenes españoles cosechan en los controles que establece la UE para analizar la salud educativa de los países.
El conocido como Informe Pisa suele hacer incidencia en la falta de preparación de los escolares, aunque se limita a constatar un hecho sin entrar a buscar los motivos de esta debacle en los conocimientos. Incluso, todavía colea el escándalo que provocaron las respuestas de los opositores que optaban a una plaza de profesores en la Comunidad de Madrid. Optaban a ser docentes de Primaria y el 86% fue incapaz de superar una prueba en la que había preguntas que respondería correctamente un niño de doce años.
Una cuestión como la de “¿por dónde pasan los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir?” apenas fue bien respondida por el 2% de aspirantes, lo que, claramente, muestra una de las carencias de un sistema que ha sufrido los intentos de los políticos por imponer su sistema, lo que se ha traducido en una ley diferente con cada cambio de ejecutivo.
Pero es que el sistema hace aguas por todos lados. Ahora mismo, unos cuantos miles de jóvenes preparan el examen de selectividad. La prueba que les permitirá acceder a la Universidad se celebra casi un mes después de que se hayan iniciado las clases en el ciclo superior sin que, por el momento, a nadie se le haya ocurrido, por ejemplo, adelantar la fecha del examen a finales de agosto. Es posible que ese movimiento suponga que unos cuantos maestros tengan que acortar sus vacaciones, pero, desde luego, no existe ninguna voluntad por modificar esta situación que deja a miles de jóvenes con pocas posibilidad de poder cursar la carrera que desean.
Hace unas décadas se hablaba de la titulitis. De esa manía de los españoles de obtener una licenciatura y del poco interés que despertaban las salidas técnicas como la FP. Ahora tenemos poseedores de masters, pero la fiebre por acumular títulos sigue tan vigente como antaño sin que el hecho de tenerlos facilite lo más mínimo el acceso a un trabajo.
Hace años que Educación y mercado laboral discurren por caminos paralelos de esos que nunca se llegan a cruzar. Eso sí, seguimos insistiendo en que nuestros “parados titulados” son los que están más preparados del mundo.

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