Políticos con disfraZ

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Uno de los motivos que aporta la Ciencia Política para explicar por qué un ciudadano opta por un partido político u otro a la hora de depositar su voto tiene que ver con la teoría de la elección racional. Ante esta decisión, los individuos se comportan como si fuesen agentes de mercado para buscar el máximo beneficio y reducir riesgos. A partir de ahí, incluyendo otros factores, por supuesto, se conforman los parlamentos y en las políticas locales las corporaciones.
En función de estos resultados cabe la posibilidad de que se formen alianzas, alguna anti natura donde partidos con ideas políticas teóricamente antagónicas se unen por puro interés para repartirse cotas de poder o, más simple y egoísta, para ponerse un sueldo, el salario que se quiere y que sin ese pacto sería imposible.
El asunto es que después de establecer la nómina mensual muchos de estos políticos reniegan de quien le permite engrosar la cuenta bancaria y presumen de integridad, pese a que un tiempo atrás prostituyesen su “ideología” y, aún por encima, se molesten cuando alguien se lo recuerda.
Estoy de acuerdo en que los políticos deben cobrar un buen salario, pero no tanto como para convertir los principios en un mercadeo de tiras y aflojas para ver cuánto dinero público se lleva cada uno a sus bolsillos a modo de sueldo mensual, algo que, a mi modesto entender, tendría que estar reglado para evitar estas negociaciones plagadas de intereses personales.
Y ahí están, manejando los dineros públicos en beneficio de todos, al menos eso es lo que se espera de un munícipe, porque quedaría retratado si no trata a todos los vecinos por igual, aunque en un momento determinado piensen de modo diferente y lo expresen.
No me imagino a ningún alcalde que discrimine o vete a ciudadanos a sabiendas. 

Políticos con disfraZ