Cría cuervos

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Algún reflejo de surrealismo tiene la película de Carlos Saura, como esas patas de pollo que aparecen en el frigorífico y que me recuerdan insistentemente al “Perro Andaluz” de Buñuel. Como también lo tiene el viejo y tañudo refrán de “cría cuervos y te sacarán los ojos”.
Licencias, al fin y al cabo, para ilustrar, o al menos tratar de hacerlo, los contenidos de la comparecencia, ayer, del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en torno al caso Bárcenas y las acusaciones sobre pagos en “B” a subalternos y primeras espadas del partido, ahora en el poder, por el partido en el poder. También lo de “B” es equivalente a negro, dinero negro se solía decir, aquel que no figura pero que existe. Un color tan próximo al surrealismo como el rosa al amor y el verde a la esperanza.
Hay personas que tienen una rara percepción. Son capaces de asociar un color con imágenes. Sinestesia se llama el asunto. Seguramente a algún afectado se le ocurrió la asimilación de estos tonos con las referencias descritas. Si fuese sinestésico, no sé por qué motivo las “aclaraciones” del presidente del Gobierno me sugerían un color indefinido, que es posible –no lo sé– que sea lo que les ocurra a los daltónicos, que, ya saben, los confunden. Así que habrá un poco de todo: quien entenderá que sus explicaciones están asociadas al blanco; otros al gris, y otros al negro. Si la asociación fuese con una imagen, también desconociendo el motivo exacto por el que me lo recuerda, pensaría en Caravaggio, maestro del claroscuro, del tenebrismo en suma.
Lo cierto es que, llegados a este punto, y sabiendo como sabemos que el único motivo de las aclaraciones, por lo que él mismo dejó claro, de Rajoy ante el pueblo español tienen por objeto despejar la incertidumbre y desconfianza que la clase política de este país despierta en el extranjero, prefiero pensar que han servido para algo –él sabrá– tomando como referencia que no han aclarado nada. Básicamente porque si lo hubiesen hecho implicaría que algo tiene este Bárcenas, maestro rocambolesco por lo que se ve, cuyo nombre no ha sido pronunciado hasta ayer por Rajoy.
Bastante es reconocer que esto de criar cuervos tiene elevados costes, no solo en la vista sino también en el alma, que a estas alturas estará esta más próxima al concepto de la credibilidad que de la salvación eterna. En cualquier, lo único extraño es que se haya dilatado tanto la comparecencia teniendo en cuenta el contenido.
Si algo se le supone al amigo Luis, al margen de los delitos ya conocidos, evidentemente es en todo caso su capacidad para hacer piruetas. Así que no extrañaría –y hasta sería lógico– que hoy mismo apareciesen más “papeles”, más pruebas de supuesta cohabitación intelectual –dejémoslo solo en eso– con la que seguir alimentando tanta sospecha sin aclarar.

Cría cuervos