UNA DIMISIÓN Y UN FUNERAL

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Siempre he pensado que Esperanza Aguirre no ha dado en su vida una puntada sin hilo. A estas alturas, un poco tarde, asumir sus responsabilidades políticas por la corrupción en el PP de Madrid determina la necesidad de que Rajoy asuma sus responsabilidades por los escándalos políticos que le han rodeado. Desde Gürtel hasta los epicentros de corrupción en Valencia; de la destrucción de los ordenadores a los abrazos públicos a Barberá, a Matas y a Bárcenas.
Esperanza Aguirre ha encendido la mecha de la implosión del PP. Su dimisión señala el camino de salida de todo el equipo íntimo de Rajoy y de la renovación del partido. Determina también y confirma que sería un suicidio político que este PP concurriera a unas elecciones inminentes bajo el liderazgo de Rajoy. Ahora, el PP tiene que elegir entre impedir nuevas elecciones, favoreciendo una investidura del PSOE con Ciudadanos, o atreverse a afrontar los comicios en una de las peores circunstancias posibles.
La dimisión de Aguirre es el último acto de una larga guerra contra el presidente del PP y de Gobierno. Se ha retirado de la política con un gesto que puede honrarle, pero que es una puñada fatal para Rajoy. Los próximos días van a ser de una intensidad política estresante. Impensable que Rajoy cumpla su compromiso de intentar una investidura en estas circunstancias. Sánchez agotará las posibilidades de un entendimiento, para mí, imposible con Podemos. Y la última baza, difícil, sería un acuerdo del PSOE con Podemos para jugarse todo a que el PP prefiera abtenerse que condenarse a ir a las urnas. Nos esperan unos días o semanas apasionantes, en los que los líderes tendrán que demostrar si tienen nervios de acero.

 

UNA DIMISIÓN Y UN FUNERAL