El frío hiela el procés

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SOTO del Real, ciudad de vacaciones, lleva una larga temporada de capa caída. Desde que una nutrida colonia catalana se había instalado en la cárcel de Estremera a finales de 2017 la prisión de la jet languidecía. El regreso a Cataluña de los presos también cegó el crecimiento de la localidad madrileña. Cerraron las academias de idiomas que habían abierto para introducir a los funcionarios de prisiones en los secretos del don de lenguas; cerraron los restaurantes de comida típica de la otra orilla del Ebro donde los familiares de los reclusos se daban grandes festines cuando iban de visita... ruina, ruina y ruina en uno y otro lugar. Por suerte ahora hay un resquicio para la esperanza. El traslado desde el Gran Hotel Lladoners al penal de la sierra del Guadarrama de los cabecillas del procés ante la inminente apertura del juicio ha disparado las expectativas de negocio. Y lo primero será abrir una tienda de mantas y edredones, pues los presos ya han denunciado que en Soto del Real hace frío y no pueden prepararse para la vista... El caso es quejarse.

El frío hiela el procés