Sé parte. El poder de cada persona. Cáritas

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os más veteranos seguro que recuerdan aquello de “tres jueves al año brillan más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión”. Aunque ahora tanto la celebración del Corpus como la Ascensión, se han pasado al domingo para adaptarnos al calendario laboral y han perdido la importancia social que tenían y pasan muy desapercibidas fuera del ámbito religioso, como debe ser. Esta reflexión que no suene nostálgica, al contrario, porque las fiestas religiosas han de ser íntimas y no sociales, aunque a más de uno le duela reconocerlo y le gustarías seguir viendo aquellas carreras militares rindiendo honores al paso de la procesión; aunque, en muchos pueblos y ciudades siguen siendo fiestas de celebración relevante.
 De las tres fechas señaladas hay una, la del Corpus, que tiene, o debería, fuera de la importancia religiosa, gran repercusión social: es el día de la Caridad. Es el día en que Cáritas, “brazo armado” de la Iglesia para la puesta en prácticas del Evangelio, presenta su balance anual ante la sociedad, tanto en la parte económica (importante rendir cuentas) como la extensa y completa memoria explicativa del trabajo realizado a lo largo del año y que cada vez sorprende más por su eficacia. En ella se radiografía nuestra realidad como sociedad, que nos hace daño porque nos dice lo que realmente somos; una sociedad que tira hacia adelante (se supone), no mira hacia atrás y deja tiradas en las cunetas a demasiadas personas con la esperanza de recuperar el ritmo de los demás muy rota. 
Una de las obligaciones de la Iglesia Católica, y que Cáritas lo hace diariamente, es la denuncia profética, que no es otra cosa que proclamar  las situaciones de injusticia social (exclusión, marginación; en definitiva pobreza) y plantea soluciones desde el punto de vista del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia. Siempre defendiendo a la víctima y ayudando a quienes corresponde corregir que tales situaciones dejen de producirse. Es decir, trabajando por lo que es justo. 
Esta pelea por conseguirlo es lo que diferencia a Cáritas y le da un sello de identidad propio y que reconozco que desde siempre ha molestado, y no solo a la sociedad en general porque a nadie le gusta que le enseñen sus vergüenzas. También a una buena parte de una Iglesia absurda que no sabe a donde va ni que pito toca en el concierto de la vida. 
Les animo a visitar su magnífica sede, a que conozcan su trabajo, lean su memoria y en la medida que puedan, la tengan presente. La necesitamos.

Sé parte. El poder de cada persona. Cáritas