A palos con sus indecencias

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El jueves de la semana pasada Forges, siempre satírico e incisivo, se preguntaba “a toda página” en su viñeta “¿Es esto política?” y debajo de la pregunta reproducía el discurso más socorrido de sus señorías en las semanales sesiones de control al Gobierno: “Y tú mas”, tres palabras que salían a borbotones de las bancadas de todas las formaciones políticas en un Congreso figurado dibujado por el artista.
En esta dinámica parlamentaria, que también se da en Galicia, son maestros consumados el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición, que no pierden ocasión de restregarse mutuamente los casos de comportamientos indecentes que abundan en sus partidos. Hace ocho días volvieron a las andadas y reprodujeron en miniatura el debate sobre el estado de la nación en una sesión bronca, con acusaciones y reproches mutuos, zurrándose con el látigo de la corrupción en un cuerpo a cuerpo muy tenso.
Se equivocan con esta estrategia. En una entrevista reciente decía Rubalcaba que “por desgracia, ni el PP ni el PSOE tenemos credibilidad contra la corrupción”, y tampoco la tienen ahora. Gobernar un partido es velar por que sus dirigentes tengan un comportamiento honesto y cortar de raíz, con prontitud y firmeza, cualquier indecencia detectada y ni Rajoy ni Sánchez dieron pruebas fehacientes de querer limpiar a fondo las entrañas de sus formaciones.
Ellos optaron por descalificarse y con esas maneras ni recuperan la credibilidad ni erradican la corrupción, solo consiguen certificar el final del bipartidismo que representan y cargan de razón a los partidos emergentes. Imaginen la cara de satisfacción de los integrantes de Ciudadanos y Podemos viendo el duelo a garrotazos entre quienes para unos representan una política rancia y para otros son la encarnación de la “la casta”.
Es cierto que la corrupción es el segundo problema que preocupa a los españoles, pero el discurso del “y tú más” resulta cansino y satura a la gente que, a tenor de los sondeos de opinión, huye del bipartidismo declinante que sigue a palos arrojándose sus porquerías en lugar de implementar un plan de acción regeneracionista, atractivo y creíble.
No se enteran del nivel de hartazgo de los ciudadanos que elevaron el listón de la exigencia ética, rechazan sus viejas formas de hacer política y amenazan con dar un revolcón al sistema que nos trajo hasta aquí. Parece una amenaza razonable, pero es inquietante.

A palos con sus indecencias