Segunda ronda

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Con el aval de la propuesta real en la cartera Mariano Rajoy se apresta a abrir una nueva ronda de contactos con los partidos constitucionalistas que le permita obtener, para su programa, la confianza del Congreso y como consecuencia la formación del nuevo Gobierno. Todos dicen que quieren evitar unas nuevas elecciones generales; que doscientos veintitantos días con un Ejecutivo en funciones son muchos días, y que el tiempo apremia.
Pero al menos en público y hasta el día de hoy las posiciones se mantienen invariables tanto en el fondo como en las formas y todo sigue más o menos igual que hace siete meses. Partido Socialista y Ciudadanos denuncian el bloqueo político existente. Ellos mismos, sin embargo, mantienen las líneas rojas sobre las que éste se asienta.
Es de esperar, pues, que sea el candidato Rajoy quien mueva ficha. Hasta ahora, en verdad, mucho no lo ha hecho, en espera quizás de la propuesta del jefe del Estado. Como era de suponer, el documento resumen del programa electoral del PP que se hizo llegar al resto de partidos no ha servido para casi nada. Creo que ni lo han hojeado, porque no vale ni como guión para la negociación si es que así se pretendía.
El candidato Mariano Rajoy habrá en consecuencia de pisar el acelerador para en “un tiempo razonable”, tal como ha prometido, intentar desbloquear la situación y poder acudir con garantías a la investidura. Ahora viene obligado a ello por el compromiso que ha adquirido ante el jefe del Estado y el electorado.
La tarea no es un mucho menos fácil, aunque se tratara sólo de un consenso de mínimos que se fijase como objetivo cumplir los compromisos europeos, establecer el techo de gasto y cerrar unos presupuestos generales que deberían estar listos entre finales de agosto y finales de septiembre. Y es que las posiciones de partida son muy distintas y están muy distantes.
Rajoy parece creer en un consenso básico sobre las grandes cuestiones de interés nacional. Tal vez así suceda en le letra grande de lo referente, por ejemplo, a la unidad de España, la senda de crecimiento, la mejora del Estado del bienestar o la política exterior.
Pero en cuanto se escarba un poco y se desciende a la letra pequeña, las diferencias son enormes. Por no estar claro no lo está ni cómo entiende Albert Rivera la organización territorial del Estado y el encaje de Cataluña en la misma. Es un tema que el líder de Ciudadanos procura eludir. Y el Partido Socialista ya se sabe por dónde anda.
Por otra parte, se ha demonizado tanto y durante tanto tiempo al PP que a dirigentes y votantes de la oposición les resultará muy complicado digerir un eventual apoyo a Rajoy.

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