El reventón de Podemos

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Lo de Podemos, ahora en pleno reventón Iglesias-Errejón, estaba ya en su ADN, en sus propios textos y en la comedia. El izquierdismo, los izquierdosos –la izquierda era otra cosa–, llevan el cisco en los genes. Lenin lo dejó escrito en el libro de cabecera para camaradas “El izquierdismo, enfermedad infantil de comunismo” y los Monty Python lo retrataron a las mil carcajadas en “La vida de Brian”. Es una seña de identidad inseparable que se anuncia siempre con los clamores enardecidos de ¡Unidad, Unidad!, que cuanto más alto resuenan más prueba son de que se están afilando los cuchillos. Vista Alegre, vamos. Y como aquello a decenas, pen cada lugar donde se han cosido a puñaladas. Ideológicas, de amor y fraternidad, por supuesto.
La extracción de este personal, tiene bastante que ver con ello. No se encuentra por ahí lo que se antes se llamaba un proletario, ni con el candil de Diógenes. De hecho también es un acontecimiento encontrarlo entre los portadores de las siglas históricas. La izquierda ya no es cosa de obreros. Ni de campesinos. Ver a los enardecidos jovenzuelos anti-urnas vociferando tras la derrota andaluza “esta es la lucha de la clase obrera” es otro gag a añadir a la película y a su farsa.
La enfermedad infantil de Vladimir Ilich Ulíanov es un compendio de adolescencias viejunas que caracterizan a los protagonistas del filme, que llegaron a tener el cielo a su alcance. Hoy, a garrotazos por el barro, lo que temen es perder el chollo. Aunque alguno al menos se haya hecho con dacha con piscina, que diría el maestro Umbral. Ganada con el sudor de nuestra frente. Que esa es la norma. Estos son de los sacan, y nunca ingresan, en las arcas publicas. A lo largo de su existencia de ellas les ha venido el sustento y les sigue viniendo. Ahora les pagamos hasta sus impuestos y por ello son siempre partidarios de subírnoslos. Su “trabajo” ha sido siempre para el pueblo, español o venezolano, y es “lógico” que el pueblo les pague. Y aunque uno de los dos, Íñigo Errejón, que ahora libran la batalla, aleccionara a los suyos en el montaje de chiringuitos para poder seguir en el machito y viviendo de ello, temen que se los derriben.
La explosión última, que no es sino conclusión de tantas que han ido salpicando la organización, ha sido ya imposible de disimular y ha hecho añicos los cristales de las ventanas y dañado muros y cimientos. Muchas otras anteriores lograron silenciarse o rebajar a mínimos dado el control, cuando no bula, de un periodismo en no pocos casos cómplice y abducido. Pero esta ha pasado ya la pantalla y convertido en carne mortal autóctona aquellas andazas mesiánicas de los caudillos de los frentes revolucionarios judaicos. O judaicos revolucionarios, que no es igual.
Porque esto va de mesías y caudillos. Y ese es el insoluble problema. ¿Cómo se cocina esto con democracia? Pues de ninguna manera. No hay guiso que valga y en cuanto llega una primaria ya huele a chamusquina la olla. Ya os lo decía Lenin y ya le dio “solución” Stalin. De Trosky mejor que no diga nada.  

El reventón de Podemos