HABLANDO CLARO

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En un mundo dominado por el lenguaje de madera de los políticos García-Margallo se convirtió en noticia al decir que: “Nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad”. Margallo no hizo otra cosa que añadir un titular a otro que hace unos días alertaba sobre el desplome de la clase media. La crisis se ha llevado por delante un tercio de los empleos de personas que pertenecían a ese estrato social. Alrededor de tres millones de personas que disponían de rentas medias han visto disminuir de manera drástica su nivel de ingresos. Según el BBVA, en los últimos ocho años la renta media disponible en los hogares habría disminuido hasta un 20%. La precariedad económica genera el malestar social que, según las encuestas, se traduce en apoyo a los movimientos situados más a la izquierda. Las expectativas de apoyo electoral que acompañan a Podemos tienen mucho que ver con la frustración de miles de ciudadanos arrastrados al paro.
Margallo, que más que un “verso suelto” en el universo del PP es hombre de criterio propio, ha dicho lo que otros en el partido piensan, pero no dicen en público porque de manera sutil, a la gallega, también en el PP el que se mueve no sale en la foto. Lo sorprendente es que sus palabras estén en los medios en días ya de campaña electoral cuando en su partido todavía no se han hecho públicas las listas con las que va concurrir a los comicios.
Hay quien ha interpretado que Margallo va por libre y mantiene un pulso con Sáenz de Santamaría. En el cuaderno de reproches le han apuntado hasta un viaje a Azerbaiyán en el que trajo de vuelta en el avión oficial a Zapatero, que andaba por allí predicando su excéntrica alianza de civilizaciones. Aunque contradiga el discurso de Rajoy sobre los logros del Gobierno, lo que el ministro ha venido a decir es que las críticas de las oposición cuando hablaban de “austericidio” estaban en razón. Le debieron llamar a capítulo y aclaró que se había referido a Bruselas y no al Gobierno, cuya obra “en materia de recortes, ha rozado la santidad”. Toda una muestra de ingenio o una respuesta irónica a un tirón de orejas monclovita. 

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