Bailando en un funeral

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Sin duda parece algo inapropiado, pero nos vendrá bien empezar fuerte para explicar la metáfora que empezamos a desmenuzar. España no va bien y no lo va desde hace ya demasiado tiempo. Más allá de los grandes números macroeconómicos que parecen justificarlo todo, las economías familiares no paran de sufrir y muestran dosis aparentemente inagotables de resiliencia. Nos sobreponemos a todo, incluso a lo que se presenta casi imposible y contra viento y marea vamos saliendo adelante de aquella manera. 

Un café menos, esas camisas un año más, ese coche aparcado que ya solo se usa para causas de fuerza mayor, una vida triste y difícil que no nos permite pensar más que en el hoy y que deja el futuro para la Divinidad porque solo la Fe nos ayuda a salir adelante. Sé que es un panorama sombrío y que ya habrá quien haya abandonado esta lectura por considerarme un agorero sin remedio, ya lo siento, pero créanme que escribo lo que pienso y lo comparto con ustedes con la esperanza de que me corrijan, pero, por favor, no con placebos, si no con argumentos mínimamente elaborados. 

Hace dos días conocíamos el dato de paro de julio y nos contaba que se habían creado 4.000 empleos, el peor dato desde el inicio de la crisis interminable. Hace tres años, en el mismo mes, se habían creado cerca de 28.000 y el pasado año más de 26.000. Se trata de un mes especialmente bueno en empleo por el turismo y el sector servicios que, este año, en lugar de contratar, despide. Curiosamente, el presidente Sánchez, hace solo cinco días anunciaba que este mes bajaríamos de los 3.000.000 de parados, se equivocaba otra vez y el paro continúa por encima de esa cifra. Ojo, porque se trata del presidente del gobierno y se le supone buena información, sobre todo, a la hora de facilitar datos tan sensibles. 

Las ventas de coches sufren y con ellas la destrucción de empleo en el sector. Vergonzosamente, el petróleo baja, pero los carburantes suben, como hacen habitualmente cuando se inician los períodos vacacionales e, increíblemente, nadie dice ni hace nada. Con este panorama, España está asistiendo a las discusiones entre partidos políticos para ver si se ponen de acuerdo para formar gobiernos o nos mandan a elecciones otra vez. El recurrente asunto de Franco, al que la izquierda se niega a enterrar, sirve también como tema de debate para entretener al personal. Nuestros políticos solo se han puesto de acuerdo en subirse los sueldos nada más aterrizar en sus cargos y, eso sí, lo hacen por unanimidad ante la perplejidad de una ciudadanía ansiosa de soluciones concretas a sus problemas reales. La inteligencia emocional no es el fuerte de nuestra clase política y la falta de empatía con los administrados es un mal transversal de todos nuestros políticos sin excepción. 

Esto roza la falta de vergüenza y en algunos casos, la ausencia de sentimientos humanitarios exigibles a los gobernantes. Es vomitivo ver algunos medios de la izquierda poniendo paños calientes a la situación, pero claro, con un gobierno de izquierdas es difícil culpar ahora a Rajoy. 

Navegamos en un trasatlántico de lujo, que es nuestro país, con una tripulación mediocre, que es nuestra clase política, la ruta que seguimos nos lleva a las rocas, que es la ruina, pero la orquesta sigue tocando. Les sonara al Titanic, a mi también. Las economías no se hunden de un día para otro, se van desacelerando hasta que saltan todas las alarmas, generalmente tarde. En estas estamos, camino de un funeral, pero… bailando¡

Bailando en un funeral