ANTONIO PLATAS, ABOGADO

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Gloso, alegremente, la etapa de un largo camino. Fértil paso de una meta que tampoco por eso dejará de ser paso. Tal la “auctóritas” alcanzadas por el decano del Colegio de Abogados de La Coruña, Antonio Platas, elegido presidente del Consello de Avogacía Galega. A mí siempre me congratulan los éxitos conseguidos por mis colegas y amigos. Si el hombre es medida de todas las cosas, el bagaje de mi compañero ha consistido en llevar más allá de laudatorios ejemplos (adjunto del Consejo General, profesor de Derecho Mercantil y de la Escuela Práctica Jurídica de la Coruña, maestro de pasantes en su bufete, eficaz profesional, condecorado mil veces, etc., etc.,) su esfuerzo, tesón y coraje para mirar y encontrar racionalidad, sentido común y calidez de trato al ejercicio singular de una sacrificada vocación tras la blanca sonrisa de un alma sincera.

El Digesto (lib. III, tit. III, ley 77) define su carácter y vertebra su compromiso: “Todo el que es defendido debe ser defendido a arbitrio de buen varón”. Tanto hombres-mujeres como instituciones. Compromiso ético y espíritu de servicio para que el orbe jurídico funcione con la matemática precisión de un reloj, eludiendo escollos, dificultades y demás trabas.

Antonio Platas, dentro del reflexivo silencio que impone cualquier defensa, sabe prescindir de la toga del “buenismo” y enfundarse el reto de ser justo. Norma de una existencia buscando constantemente aplicar el sentido común a la ecuanimidad en la práctica de su oficio. Así se conquista a sí mismo, pues, aunque no pueda saltar fuera de su sombra, lucha no por lo que es actualmente, sino por lo que pueda llegar a ser… Jurisconsultos con estas cualidades, honrados y eficaces, nos dan la esperanza de encontrar un mundo mejor.

ANTONIO PLATAS, ABOGADO