Carta desde Escocia

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Las cuestiones identitarias brillaron por su ausencia. Fue la economía la que centró y casi acaparó el cara a cara que a poco más de un mes para referéndum del 18 de septiembre mantuvieron hace unos días ante las cámaras de la televisión regional el ministro principal de Escocia, el independentista Alex Salmond, y el portavoz de la campaña unionista “Mejor, juntos” que defiende la permanencia del territorio en el Reino Unido, Alistair Darling.
Un debate de casi dos horas que pude seguir en directo, dado que por circunstancias personales me encuentro por estas tierras escocesas, tan parecidas en sus paisajes y entornos naturales a la nuestra. Fue un debate prácticamente sin papeles y sin relojes, y mucho menos encorsetado, por tanto, de lo que estamos acostumbrados a ver en España. El veterano y experto periodista que condujo el encuentro dejó hablar y supo mantener viva la disputa dialéctica entre ambos contendientes, siempre, por supuesto, dentro de las formas.
Cierto es que, metidos en la arena económica, el portavoz unionista llevaba todas las de ganar, pues no en vano fue en su día ministro de Finanzas en el Gobierno laborista de Gordon Brown. Y atacó por ese flanco. Su pretensión no fue tanto convencer a nadie cuanto hurgar en las incertidumbres existentes en la opinión pública ante una eventual Escocia independiente: futuro de la moneda, masa de deuda pública británica que habrían de asumir, pérdida de puestos de trabajo ligados a la unidad territorial, permanencia en la Unión Europea, fuga de empresas y futuro de las pensiones.
El tema de la moneda fue clave, pues los tres grandes partidos nacionales (conservadores, laboristas y liberales) rechazan una unión monetaria y la posibilidad de que Escocia conserve la libra esterlina, mientras que los independentistas aspiran a seguir compartiéndola con el Reino Unido. Y a pesar de lo no poco que se le insistió en ello, Salmond no ofreció un “plan B” al respecto.
Fue precisamente esta falta de alternativa y el no haber conseguido despejar otras incertidumbres sobre la viabilidad económica de una Escocia independiente lo que en buena medida contribuyó a que las encuestas que tras el debate se hicieron le dieran como perdedor por una clara diferencia de doce puntos. Los periódicos del día siguiente coincidieron bastante en el diagnóstico. “Darling causa el primer herido”, titulaba uno de ellos con la rotundidad periodística que por aquí se lleva. De “devastadora ofensiva”,  hablaría  “The Times”.
En su alegato final Salmond quiso desviar la disputa a un terreno más ideal: el de la ilusión y el cambio, al tiempo que destacó la negatividad del discurso de su adversario; el discurso –dijo– del miedo. ¿Negatividad o, más bien, realismo?, se habrán preguntado, como yo, otros muchos ciudadanos.

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