¿Pucherazo? No, tontuna, sin más.

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Hemos pasado unas elecciones generales que para muchos han supuesto un antes y un después. Parecía que llegaba la debacle. Lo que habíamos avanzado se podía ir al garete. No es que se tenga fe en los partidos políticos, que no se tiene. Había miedo, miedo real a que algunos con sus promesas si llegaban al poder, las iban a cumplir. Algo que normalmente se premia, en este caso no tuvo el efecto deseado. España es un país diverso, que, desde el año 1977 cuando fueron celebradas las primeras elecciones generales, fue forjando su camino y de una forma u otra fue avanzando en derechos y libertades. Todos somos conscientes, por poner ejemplos, de que la igualdad entre hombres y mujeres es un tema que debe seguir en progresión hasta alcanzar un contenido tal que el hecho de ser mujer o ser hombre sea un dato irrelevante, solo diferenciable para el apareamiento o ciertas peculiaridades propias del varón o la mujer en cuanto realidad biológica. Mientras a una mujer se la diferencie del hombre por su color de pelo, su atuendo o su vida social, no habremos llegado a la igualdad. De la misma manera, cuando la tendencia sexual sea un dato irrelevante, seremos iguales y destacaremos por las cualidades físicas o intelectuales pero en cualquier caso ajenas a la cuestión diferencial del sexo o su tendencia en el apareamiento. 

Poco a poco avanzamos en una sociedad que debería ser plural y tolerante. Y hete aquí que de todas las tendencias políticas surge una que destaca precisamente por su intolerancia, su vuelta a la diferencia entre hombres y mujeres, homosexuales o heteros. Prometen eliminar las estructuras territoriales conseguidas tras la muerte del Dictador al que alaban y ensalzan como el héroe que no permitió la corrupción, el libertinaje ni la opinión contraria al buen hacer y las costumbres del buen español, entendidas en su subjetividad. 

Estos chicos y chicas de Vox se erigen en vengadores de una sociedad perdida. Una sociedad que debía ser olvidada y a la que quieren regresar. Estos gurús de la regresión ahora tras las elecciones siguen haciendo ruido, alegando pucherazo y recuento irregular del voto, a los efectos de lograr “transparencia”. Piden nuevo recuento de votos, “tras la aparición de decenas de miles de votos nulos”. “Muchos pensarán que es un pataleo del que no ha conseguido los resultados, pero esto se hace en beneficio o perjuicio de todos para revisar todas la candidaturas y para que exista verdadera transparencia y coincidencia entre lo que los españoles han votado y los resultados. Después de esos escrutinios generales ojalá podamos decir que no ha habido pucherazo”, ha dicho su secretario general.

Pues bien, clara estulticia demuestra quien desconoce el sistema de recuento de votos en cada mesa electoral y el envío telemático al momento tras el escrutinio y cierre de actas en cada mesa. Las mesas se constituyen con tres miembros; un presidente y dos vocales. Asisten a la mesa y firman las tres actas: de constitución, de sesión y de escrutinio, no solo los miembros de la mesa sino también los que asisten como interventores de todos los partidos, acreditados como tales. Además, apoderados de todos los partidos tienen derecho a intervenir, supervisar y obtener una copia de todas estas actas. Al acto de escrutinio asiste también cualquiera que se encuentre en el local electoral. Una vez cerrado el escrutinio, además de ser comunicado al momento por un miembro de la administración nombrado al efecto, se remite a la Junta Electoral de zona, o Junta electoral provincial, formada por un Juez, dos vocales, que suelen ser abogados y el Letrado de la Administración. Estos realizan el volcado de datos y revisan las incidencias de la votación si las hubiera. Todo supervisado por la Junta Electoral Central. 

Resulta, pues, que los que ni siquiera conocen la mecánica del sistema, ni su regulación, arrojan la duda del pucherazo, recodando viejas glorias y tiempos pasados que todos queremos olvidar. ¿Pucherazo? No, tontuna sin más.

Emma González es abogada

¿Pucherazo? No, tontuna, sin más.