La llamada de Greenpeace

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Les escribo esto aún con el capuz puesto porque no he conseguido todavía superar que ya hemos sobrepasado Chamorro y que de aquí a la próxima Semana Santa me queda una jartura de tiempo que no vean. Éa, el calor que estoy pasando con esto puesto no está en los escritos... Hablando de calor, debatíamos hace poco en casa sobre el cambio climático, porque mi padre se lo toma a cachondeo. El pobre es un descreído porque hace cincuenta años parece ser que la problemática que había era el enfriamiento, y claro, al hombre le da la risa. Además, según palabras textuales “los puntos de más frío en invierno siguen siendo Soria y Teruel. Y claro que en verano hace más calor que en el resto del año”. Es un crack... 

Yo personalmente estoy más concienciada con el tema, aunque no ayudo mucho a la conservación de planeta, lo asumo. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Pero a pesar de tener quizá una postura un tanto incoherente, sí reconozco que la humanidad en general somos unos mamarrachos y si destrozamos una parte del mundo que nos queda lejos, como no lo vemos ni lo sufrimos, pues nos tira de un pie. Y así no se hacen las cosas, oigan. Que tenemos los polos más aguados que los flash que te comías a la salida del colegio. Menuda guarrada... lo de los flash, digo. 

No sé cómo me tragaba aquel liquidillo recaliente que quedaba al final del plástico. Pero dejemos las añoranzas infantiles y volvamos a lo de cargarnos el ecosistema. No se sostiene lo de contaminar la atmósfera a pasos agigantados, ni lo de edificar sin ton ni son, ni lo de despoblar las cuatro zonas verdes que nos quedan. Porque somos muchas almas repartidas en los cinco continentes y lo de respirar es bien, que si no, palmamos todos. 

Otra cosa es hacer un propagandismo extremo y entremezclar ideologías políticas o incluso intereses cuasi personales, cosa muy necia y vil, por otra parte. Pero lo de que no estamos yendo por el mejor camino, es así. 

Un llamamiento a todas esas señoras que despilafarran en laca para pasearse calle Real arriba, calle Real abajo sin que se les mueva un pelo así venga un tifón... ¡Un poquito de conciencia, por favor!  

Que luego nos quejamos de que en Diciembre viene una semana de calor como para plantarte Doniños bajo sombrilla pero en Julio cae una que ni el diluvio universal. ¡Venga, todos a reciclar! Ciaaaaaooooo...

La llamada de Greenpeace