SPANAIR: UN JUGUETE ROTO

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Política y negocios no mezclan bien. Conozco los dos contextos. Debajo de mi casa estaba el almacén de la empresa que fundó mi abuelo allá por el año 1932. Me crié entre cajas y furgonetas de reparto. Tuve la suerte de crecer en ese ambiente y más tarde de poder aportar mi granito de arena al negocio. El otro escenario tampoco me es ajeno. He sido Diputado Nacional y Concejal en el Ayuntamiento de Vilagarcía. Las herramientas que manejas, las premisas de las que partes y hasta el lenguaje utilizado. Todo cambia respecto a la empresa privada. Eso no quiere decir que ambas realidades deban darse la espalda. La iniciativa empresarial es fundamental para crear riqueza y empleo. Por eso debe ser apoyada desde las administraciones pero nunca suplantada o utilizada para perseguir fines políticos. Sobre todo si conlleva derroche de dinero público.

El cierre de Spanair es un ejemplo claro de lo que no se debe hacer. Esta compañía ha sido un juguete roto en manos del tripartito y del nacionalismo catalán. Así, la anterior y la actual “Generalitat”, quisieron convertir una aerolínea en quiebra en una compañía de bandera a golpe de subvención. Ahora la abandonan a su suerte.

Pero como diría el recordado torero cordobés “el Guerrita”, “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. Debían de pensárselo mejor antes de tirar por el sumidero 150 millones de euros. Es indecente que en Cataluña se hayan hecho recortes brutales en Sanidad mientras algunos iluminados “fardaban” de aerolíneas o de aeropuertos inviables como el de Lleida.

SPANAIR: UN JUGUETE ROTO