DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS

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España se enfrenta a varios rectos, todos ellos de difícil solución. Pero el más complicado y de mayor envergadura es la posibilidad real de una secesión. Y no puede existir nada más doloroso –excepto el de una guerra civil– que el rompimiento de un país.
Aunque el Partido Popular y el PSOE traten de escurrir el bulto, estas dos formaciones políticas fueron directamente responsables del desaguisado que está ocurriendo en Cataluña. Hace tiempo que pudieron haber cambiado la Ley Electoral, puesto que –aparte de ser injusta– favorece claramente a los nacionalismos. Y no lo hicieron porque también se beneficiaban de ella. Lo otro poco importaba. Además, con dicha Ley  estrangulaban a IU, lo cual favorecía los intereses electoralistas del PSOE. Así que, prefirieron seguir haciendo pactos ad hoc con CiU, alimentando  todavía más el nacionalismo.  
El problema territorial español es grave. Y lo es mucho más, ante la posibilidad de que IU y el PSOE puedan llegar a gobernar juntos, puesto que últimamente esos dos partidos no tienen un proyecto de país. El PSC defiende el derecho a decidir, seguramente otro tanto ocurre en el seno del PSE, incluso dentro del PSdeG no lo tienen claro. Es importante subrayar, que desde el momento en que se apoya ese derecho, se está aceptando la posible ruptura del país con todas sus consecuencias. Decir lo contrario sería engañar miserablemente al electorado, sobre todo al de izquierdas.
La izquierda española actual está profundamente confundida. Y eso nunca había sucedido antes. Primero, porque la verdadera izquierda nunca comulgó con los nacionalismos ni la secesión del país. Esta nueva izquierda –por llamarla de alguna manera– quedó marcada por la impronta zapaterista. Y no tiene nada que ver con aquella de la transición, es decir, con la socialdemócrata de Felipe González o con la marxista de Santiago Carrillo. Aquella tenía un proyecto de país, federal o autonómico, pero un mismo país. La actual carece de proyecto alguno. Lo único que le interesa es el poder por el poder, sin importar si ese poder es ejercido en una Cataluña o un Euzkadi independientes. Parece que esa cuestión no importa.
La historia ha demostrado –y también la antropología cultural– que los  nacionalismos son un obstáculo para el entendimiento de los pueblos. Albert Einstein y Albert Camus fueron extremadamente críticos con esas corrientes. Estos movimientos sociopolíticos se apoyan en las diferencias    –y si no existen se las inventan.
Tienen como objetivo levantar muros y dinamitar todos aquellos puentes que puedan unir a los pueblos. Manipulan la historia, tergiversándola, incluso reinventándola –como está ocurriendo en Cataluña. Y cuando tienen el control de los medios (radio, televisión, prensa escrita, etcétera), los ponen al servicio de sus agendas políticas. Juegan al victimismo y al mismo tiempo buscan la confrontación permanente, creando conflictos donde antes no existían, agrediendo al Estado y a sus instituciones. Los movimientos nacionalistas casi siempre son reaccionarios, aunque en algunos casos se disfracen de “progres”. Y su modus operandi es muy parecido al de los fundamentalistas religiosos.  
En Cataluña –y también en Euzkadi– hay una generación que ha sido amamantada y educada en esa clase de nacionalismo. Al ser transferida la educación a las CCAA, en aquellas donde gobiernan ellos, se dedicaron a introducir cambios curriculares. Cambios que no se corresponde con la verdad histórica, puesto que están saturados de mentiras. Incluso se palpa un odio transversal a todo lo español.
Por lo tanto, no debería sorprendernos lo que está pasando, puesto que no hacía falta ser un avezado politólogo para entenderlo y, además, predecirlo. Pero nadie ha querido verlo. Durante años, los dirigentes de los dos grandes partidos escondieron la cabeza debajo del ala –como el avestruz– para ponerle trampas a la realidad. En este carpetovetónico país las cosas siempre funcionaron así, al “modus Hispania”. Siempre creando eufemismos para disfrazar la realidad. Y ahora  nos estalla en las narices.

 

DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS