Je suis Charlie

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Opinar en caliente siempre es peligroso. Los instintos podrían traicionarte la razón. Quizá le pasó a Marine Le Pen, a quien le gustaría añadir a Liberte, fraternite,  égalite, también guillotiné. Aunque parece que no hay traición, sino ganas de sangre mora. Y es que, ante tamaño crimen, hay que saber distinguir entre musulmán y yihadista, y no hacer el caldo gordo a los extremistas de la derecha europea más rancia.
Claro que es difícil mantener el tipo ante los crímenes de esos hijos de puta. Pero los europeos ya hace tiempo que dejamos atrás la Edad Media, como para ponernos ahora a la altura de esos cabrones que asesinan en nombre de Alá. Quizá hubiera sido mejor, por aportar una idea, cogerlos con vida, juzgarlos los imanes musulmanes y, con el Corán en la mano, darles lo suyo en nombre de Alá, y no mentar al Guerrero del Antifaz, que Dios sabe a quién escondía tras él. En Charlie Hebdo, lo sabían bien.

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