LA CORRUPCIÓN INTERNACIONAL

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Todos los años, como es sabido, la ONG Transparencia Internacional publica su índice de percepción de la corrupción. Se trata de un ranking elaborado a partir de encuestas y preguntas formuladas a diversos agentes económicos y sociales. De los 183 países escrutados, apenas una cuarta parte obtiene un aprobado. Los países más corruptos, como cabría esperar, son los más pobres: Somalia, Corea del Norte y Birmania.

España baja un punto con respecto al anterior ranking: ahora estamos en el puesto 32 con una nota de 6,1, siendo 10 la excelencia en la transparencia y el 0 la máxima corrupción. En el área iberoamericana tampoco hay grandes novedades. Venezuela se lleva la palma de la corrupción con una calificación de 1,9 y, de nuevo Chile y Uruguay obtienen notas altas. China tiene una calificación muy baja, 3,5. Estados Unidos obtiene un 7,1, Alemania un 8 y Japón también un 8.

Llama la atención el dato de EEUU, que obtiene su peor calificación en los últimos 15 años. La percepción de la corrupción, pues, sigue su curso. La indignación de la ciudadanía, reclamado gobiernos más transparentes y más pendientes de los problemas reales del pueblo es, desde luego, un síntoma esperanzador. Sin embargo, a pesar de tantas normas, de tantos códigos y de tantas iniciativas como las que en la actualidad existen en todas las latitudes, la codicia y el afán desenfrenado de poder y dinero siguen presentes en la vida de los poderosos. Y de qué manera.

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